Edgar Fonseca Monge, periodista costarricense que escapó a morir dos veces en la frontera con Nicaragua

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Eduardo Cruz, La Prensa, Managua 11-1-26

El periodista costarricense Edgar Fonseca Monge estaba a la par de Edén Pastora, casi rodeándolo con su grabadora, cuando estalló una bomba en La Penca, un sector fronterizo entre Nicaragua y Costa Rica, el 30 de mayo de 1984.

En ese momento, Pastora estaba brindando una conferencia de prensa, cuando lideraba a un grupo de contrarrevolucionarios que luchaban contra el primer régimen sandinista de los años ochenta del siglo pasado.

Fonseca, por su parte, era enviado por el diario La Nación de Costa Rica. Había salido con su fotógrafo a las 5:00 de la mañana de San José, ese 30 de mayo, y había llegado primero a San Carlos, luego a Boca Tapada, después a Boca de San Carlos y por último a La Penca, a las 5:00 de la tarde, en medio del lodazal, pues era un día lluvioso. La conferencia sería al día siguiente, pero, extrañamente, la anunciaron poco después de las 6:00 de la tarde para ese mismo día.

No habían pasado 10 minutos, desde el inicio de la conferencia, cuando estalló la bomba. En ningún instante Fonseca perdió el conocimiento. Primero vio una “chispa incandescente” y después sintió un “golpe fuertísimo”. La explosión lo hizo estrellarse de espalda contra una de las paredes del local, un rancho construido con tablas viejas, y luego cayó acostado.

A la par de Fonseca, cayó otro periodista costarricense, Nelson Murillo, con una “esquirla (astilla) en el cuello”. “Me rogaba que se la sacara porque se estaba ahogando. Pero, en aquellas condiciones, era irresponsable extraérsela. Era reventarle el organismo”, recuerda Fonseca.

Los primeros momentos, tras la explosión, fueron de puro drama, llenos de caos. De gritos y balacera. No se sabía si era un ataque o solo una explosión. Ni si habría más explosiones. La calma empezó a llegar hasta media hora después. En el local había municiones de los contras, por lo que también existía el riesgo de que explotara el lugar. Fonseca alcanzó a ver cómo Edén Pastora fue de los primeros en ser evacuados por su anillo de seguridad y después desapareció.

Había periodistas muertos. Otros amputados, sin piernas, brazos o sin ojos.

Aunque golpeado, con lesiones en las piernas y problemas de audición, Fonseca logró salir en pie, aunque ayudado por otras personas.

A los heridos más graves los sacaron en botes, pero se trató de una operación difícil, en la oscuridad y contra la corriente del río. Fonseca vio que a Murillo costó mucho que lo atendieran, a pesar de que iba con casi la totalidad del cuerpo quemado. Murillo sobrevivió, pero en el transcurso de la vida ha tenido que someterse a múltiples cirugías, explica Fonseca.

Al hospital de Ciudad Quesada, a más de cinco horas de camino de La Penca, Fonseca llegó después de las 1:00 de la madrugada del día siguiente.

Fonseca, actualmente de 70 años de edad, cumplió 50 años de ser periodista en noviembre de 2025. Tenía nueve años de ejercicio periodístico cuando lo de La Penca y tuvo que ponerle una especie de “muro existencial” a esa traumática experiencia, para poder continuar con su vida personal y con su labor periodística, asegura el costarricense.

La guerra contra Somoza

En La Penca no fue la primera vez que Fonseca estuvo a punto de morir mientras cumplía con su deber periodístico.

El 13 de octubre de 1977, mientras viajaba en un convoy de lanchas en el río Frío, también en la frontera costarricense con Nicaragua, a cubrir los ataques sandinistas al cuartel de San Carlos, cabecera del departamento nicaragüense de Río San Juan, Fonseca se vio bajo un bombardeo con aviones push-pull de la Guardia Nacional de Anastasio Somoza Debayle.

En ese momento, Fonseca tenía solo dos años de ser periodista, pues se inició como reportero de sucesos en el diario La Nación de San José en noviembre de 1975.

Hijo del también periodista costarricense Víctor Fonseca Castro, a Fonseca le nació la pasión por ser periodista desde muy pequeño, cuando veía a su padre despachar crónicas noticiosas desde su natal Aserrí, un cantón capitalino ubicado al sur de San José.

En las vacaciones escolares, para ganar algo de dinero, a Fonseca le gustaba repartir el diario La Nación y curiosamente ese fue el periódico donde inició su carrera y para el cual trabajó durante 37 años. Primero leía las noticias y después salía a las calles anunciándolas, lo que no era necesario, pues los diarios que repartía eran de suscripción, es decir, ya estaban pagados.

En 1975 entró a la escuela de periodismo de la Universidad de Costa Rica (UCR). Cuando tenía un mes estudiando, lo llamaron para ser asistente en el noticiero La Palabra de la radio Monumental y, cuando tenía nueve meses, entró como periodista de sucesos al diario La Nación de San José. La carrera de Fonseca como periodista fue “precoz”, dice él mismo.

Fonseca se casó el 31 de enero de 1976 con Lucrecia Carvajal Mora. Estaba iniciando la luna de miel cuando, el 4 de febrero, se produjo un terremoto de 7.6 en la escala de Richter en Guatemala. “Hay un terremoto, tengo que salir de madrugada para Ciudad de Guatemala, nos volvemos a ver”, le dijo ese día a su esposa.

Él considera que desde ese día su esposa comprendió el tipo de vida que iba a llevar con él, una en la que en cualquier momento tenía que dejarla para ir a cumplir con su trabajo periodístico. “Nos entendimos como pareja”, dice Fonseca.

El avión en el que salió debía aterrizar en Ilopango, San Salvador, porque en el aeropuerto de la capital guatemalteca no estaban autorizando aterrizajes. Sin embargo, el piloto decidió proseguir hacia Guatemala y aterrizaron en “condiciones muy precarias”, en medio de la “humareda” que había en la capital guatemalteca, debido a los incendios causados por el seísmo y por la caída de muchas casas que estaban construidas con “barro”.

Fonseca recorrió las calles de Ciudad de Guatemala en un ambiente de “mucho drama”, en medio de la emergencia y de “mucha incertidumbre”.

Desde entonces, Fonseca se enamoró de la cobertura de hechos importantes en Centroamérica y menos de dos años después se vio en una lancha rumbo a Nicaragua para cubrir una primera ofensiva de los sandinistas para derrocar a Somoza Debayle, en octubre de 1977.

Mientras el convoy de lanchas, repletos de periodistas de costarricenses, se vio bajo el fuego de la Fuerza Aérea somocista en el río Frío, lograron con comunicarse con un radio Walkie-talkie con el entonces ministro de Seguridad Pública, Mario Charpantier, pues habían viajado sin coordinarse con las autoridades nicaragüenses, y fue Charpantier quien se comunicó con Managua para que cesara el bombardeo sobre las lanchas. “Dichosamente, aquello no terminó en tragedia”, dice hoy Fonseca.

Poco después, tras el asesinato el 10 de enero de 1978 del director de LA PRENSA de Nicaragua, Pedro Joaquín Chamorro, la frontera se puso tensa por la presencia de las tropas sandinistas bajo el mando de Edén Pastora, conocidas como el Frente Sur, y el diario La Nación le pidió a Fonseca que dejara San José y se trasladara indefinidamente a la frontera a cubrir la guerra. De reportero de sucesos, pasó a ser corresponsal de guerra.

Cuando inició la llamada Ofensiva Final, Fonseca recuerda que él ya estaba en el Frente Sur y cubría los ataques de los sandinistas. Reportaba incidentes en toda la frontera, especialmente en Peñas Blancas, El Naranjo, La Cruz, Conventillos, Santa Cecilia, Cárdenas y muchos otros lugares.

Aunque Edén Pastora comandaba el Frente Sur, Fonseca recuerda que los sandinistas dirigían la guerra desde San José, en Moravia, donde estaban los hermanos Daniel y Humberto Ortega, a quienes nunca vio en el Frente Sur, sino que los conoció hasta después de finalizada la guerra.

De Edén Pastora, Fonseca dice que era alguien que tenía una aureola de “triunfador”, elevado al “estrellato”, por haber dirigido la toma del Palacio Nacional en agosto de 1978. Lo recuerda como a alguien “grandilocuente”, que a veces magnificaba sus acciones. Sin embargo, Pastora evitaba relacionarse con los periodistas costarricenses para “evitar relacionar a Costa Rica en un conflicto internacional”, afirma Fonseca.

En el búnker de Somoza con Daniel Ortega

El entonces jefe de información de La Nación, Julio Suñol, llamó a Fonseca en la noche del 19 de julio de 1979, cuando ya se sabía que había caído la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, que este último había huido de Nicaragua dos días antes, y que la Guardia Nacional también había salido en desbandada, lo llamó

“Cayó Somoza, tenés que irte a Managua inmediatamente”, le dijo Suñol.

Fonseca estaba durmiendo en una cabina, en La Cruz, pero de inmediato se dirigió a Peñas Blancas, donde, del lado costarricense, estaba desolado y, de lado nicaragüense, estaba militarizado. Ya los sandinistas tenían bloqueado el paso.

Luego, los sandinistas abrieron la frontera brevemente y Fonseca y su equipo pudieron pasar en el vehículo en el que viajaban.

Tras ingresar a Nicaragua, vio un cuartel de la Guardia incendiado y también a varios guardias capturados que formaban una fila y esposados con alambres de púas. Hasta hoy se pregunta si esos guardias sobrevivieron o no.

Al llegar a Masaya, no pudieron avanzar más. Los sandinistas dijeron que hasta que fuera de día se podía continuar a Managua.

Al amanecer, siguieron a la capital y lograron estar, el 20 de julio, en la Plaza de la República, donde había un mar de gente celebrando la salida de Somoza. “Había mucha expectativa por la democracia”, dice Fonseca.

Al periodista costarricense todavía se le eriza la piel al recordar ese momento. Había disparos, gritos, pitos y sirenas de ambulancias. A él, sin conocerlo, la gente lo abrazaba. Y lo abrazaban más cuando él decía que era tico, porque en ese momento los nicaragüenses estaban agradecidos por el apoyo que Costa Rica brindó para que cayera la dictadura somocista. No se le olvida que fue una mañana soleada.

Fue una emoción tan especial, que Fonseca solo la volvió a sentir hasta en enero de 1998, cuando le dio cobertura a la visita del papa Juan Pablo II a Cuba. La Plaza de la Revolución, en La Habana, estaba igual de llena que la Plaza de la República nicaragüense en 1979. Tal vez más. Es más grande. Y el papa hablaba y la gente lo escuchaba con admiración y respeto.

En el lado opuesto, los dirigentes cubanos, con Fidel Castro al frente, estaban ahí después de haber perseguido a la iglesia y encarcelado sacerdotes.

En la misa principal, la gente cantaba y los corazones se aceleraron más cuando, entre los cánticos católicos, se escuchó la melodía de la popular canción cubana “Guantanamera”. “El papa llenó la plaza de gente, pero también de emoción”, recuerda Fonseca.

Regresando a Nicaragua, el 21 de julio de 1979, cuando recorría las calles de Managua, a Fonseca le dijeron que existía la posibilidad de que los corresponsales extranjeros visitaran el búnker de Somoza. A Fonseca le llamó poderosamente la atención porque se trataba de la guarida de Somoza, supuestamente inexpugnable. Aunque ahora, Fonseca cree que no hay nada que detenga la caída de un dictador y esos lugares, como el búnker, se vuelven los más vulnerables.

Logró ser incluido en la lista y llegó al búnker el 21 de julio, encontrando un lugar desordenado, con muebles rotos y grandes fotografías esparcidas en el suelo.

Ahí estaba también Daniel Ortega, quien hacía las veces de guía turístico, explicando la historia y todo sobre el búnker. Hay una imagen en la que Fonseca aparece en el búnker, cerca de Ortega, quien vestía de militar y, según Fonseca, estaba fuertemente escoltado por guerrilleros.

A Fonseca, Ortega le pareció una “figura displicente”. “Habló con los periodistas de mal modo, con desinterés, con desgano, explicando el búnker”, recuerda el reportero costarricense.

En Panamá

Cuando la guerra de Nicaragua estaba por acabar en los años ochenta del siglo pasado, se tensó la situación en la frontera en Panamá, debido al régimen militar de ese país.

El 20 de diciembre de 1989, los marines estadounidenses invadieron la capital panameña y, el entonces jefe de Redacción de La Nación, Eduardo Ulibarri, no quería que Fonseca se arriesgara en esa nueva aventura.

Por eso, Fonseca se fue sin que Ulibarri se diera cuenta y lo llamó hasta que ya estaba en Panamá.

En la frontera, en Paso Canoas, Fonseca y su fotógrafo se aliaron con el fotógrafo estadounidense Bill Gentile y juntos entraron a Panamá en un viejo carro Pontiac. Sin embargo, solo llegaron a mitad de camino hacia la capital panameña, en Santiago de Veraguas, porque los marines tenían bloqueado el paso.

Solo había una manera de seguir hacia Ciudad de Panamá: viajar camuflados en camiones de verduras, que era lo único que los marines estaban dejando pasar, alimentos. El fotógrafo se fue en un camión de verduras y Fonseca en uno de naranjas.

Lograron llegar hasta el Puente de las Américas, a la entrada de la capital, pues hasta ahí llegaron los camiones. Fonseca y el fotógrafo siguieron a pie hasta el centro de la ciudad.

El general Manuel Antonio Noriega, que era a quien buscaban los marines, se había asilado en la Nunciatura y los marines le pusieron parlantes a alto volumen con ´música “estridente” para no dejarlo dormir, recuerda Fonseca.

La reciente captura del dictador venezolano Nicolás Maduro le recuerda a Fonseca la de Noriega, pero esta última fue más intensa, asegura Fonseca.

Fonseca y su compañero armaron un cuarto oscuro en el baño del hotel donde se alojaron y ahí revelaron los rollos de fotografía. Luego, los llevaron al aeropuerto de Panamá para ver si alguien los llevaba a San José, pero nadie se arriesgaba. Solo encontraron ayuda en un avión de la Cruz Roja Internacional.

Así, fueron los únicos periodistas costarricenses que durante una semana enviaron fotografías exclusivas sobre la invasión en Panamá.

Fonseca salió de Panamá el 31 de diciembre de 1989 y Noriega se entregó hasta el 3 de enero de 1990.

La muerte de Humberto Ortega

Fonseca, un periodista de sucesos, no solo fue corresponsal de guerra, sino que también llegó a ser jefe de Redacción de La Nación. En 2001, pasó a ser director del periódico Al Día, también propiedad del grupo La Nación.

Sin embargo, en la década de 1990 todavía trabajó en Nicaragua.

En septiembre de 1993, entrevistó en su despacho al entonces general Humberto Ortega, quien mantenía un conflicto con la presidenta Violeta Barrios de Chamorro, pues no quería soltar la jefatura del ejército. Fonseca también entrevistó a la presidenta Barrios de Chamorro.

Con la reciente muerte de Humberto Ortega, como rehén político de su hermano Daniel y de su cuñada Rosario Murillo, Fonseca no puede creer que ese haya sido el fin de alguien que tuvo tanto poder político y militar en Nicaragua. Solo piensa en la palabra crueldad al evaluar el actuar de Ortega y su esposa Murillo.

En 1996, viajó de nuevo a Nicaragua, para la campaña electoral de ese año. En Jinotega, se entrevistó con Arnoldo Alemán, candidato liberal y posterior ganador, y le pareció “un político muy alterado”. En Matagalpa, quiso entrevistar a Tomás Borge, pero este se comportó “muy esquivo”, molesto porque se le acercó Fonseca.

Desde el 2013, Fonseca está jubilado, pero se negó a abandonar la profesión y desde entonces trabaja en el portar digital Puroperiodismo.com

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