Editorial PuroPeriodismo
Edgar Fonseca, editor
¡Salgamos a votar!
¡Llenemos las urnas!
¡Defendamos nuestra democracia!
¡Defendamos nuestras libertades!
¡Desafiemos y derrotemos al chavismo autoritario!
¡No a una dictadura!
Los costarricenses asistimos este domingo 1.º de febrero 2026 a unas elecciones cruciales en nuestra historia.
Nunca antes en la reciente historia republicana del país estaba tanto en juego como en esta ocasión.
Está en juego la supervivencia de un sistema institucional democrático modelo global que, aunque imperfecto, es más reconocido, apreciado, elogiado, por sus virtudes de convivencia cívico-social.
Un modelo que permitió, propició e impulsó el desarrollo en áreas fundamentales como salud, educación y la atracción de inversión externa, hasta convertirnos, en una apuesta clave por la apertura comercial y la inserción global, en un polo regional de firmas multinacionales de sofisticada producción tecnológica.
Costa Rica superó los más graves traumas regionales de las décadas de los setenta y ochenta y se erigió como una nación oasis en medio del torbellino y la convulsión de las guerras fratricidas, de entonces, en otras naciones hermanas centroamericanas.
Se convirtió en refugio de miles de asilados no solo centroamericanos sino, también, venidos del sur de América, perseguidos todos ellos por espurias dictaduras y tiranías.
Hallaron aquí no solo refugio sino protección a sus libertades y derechos fundamentales arrasados en las naciones que dejaron atrás sometidas por regímenes militares nefastos.
Este país modelo, también experimentó sacudidas en sus cimientos con los frecuentes escándalos de corrupción en el sector público que llegaron a alcanzar hasta presidentes de la República, ante los cuales el aparato institucional respondió con las debidas garantías constitucionales y legales.
Un país modelo que, sin embargo, en el transcurrir de su reciente historia, desde la fundación de la Segunda República en 1949, rezagó amplias zonas urbanas, rurales, costeras, en particular, caldo de cultivo de indisposición pública contra líderes, instituciones, partidos y organizaciones.
En ese escenario, la irrupción de ofertas populistas de supuesta respuesta y solución a los desafíos acumulados, postergados, no tardó en hacerse presente.
En 2022 la elección del presidente Rodrigo Chaves en segunda ronda hizo aflorar, desde el día uno de gestión, la más evidente intención de romper y arrasar con aquel modelo y, avanzar, con lo que hoy buena parte de la opinión pública teme se convierta en la antesala de fulminar un aparato democrático institucional de pesos y contrapesos. Ese “golpe suave” del que se habla hoy contra las democracias.
Sin siquiera haber llegado al final de su mandato de cuatro años, es incalculable la lista de daños causados desde la presidencia de la República, en tan corto periodo, al diálogo político, al entramado institucional y a la convivencia social. Ni qué decir de los severos retrocesos en educación, salud, seguridad.
Costa Rica es hoy un país con miedos.
Uno de ellos, el temor a la libertad expresión por represalias desde el oficialismo, está presente y registrado tanto por entes locales y externos como hecho inédito en esta democracia, una de las seis plenas del orbe.
Ni qué decir del temor a la violencia diaria que carcome a los profundo de nuestros hogares ante la que la presente administración nunca supo responder.
Un país con miedo a su destino y futuro es el que va a las urnas este domingo 1 de febrero 2026.
Va a las urnas bajo la amenaza de ser sometido a un estado de excepción, a la suspensión inmediata de garantías colectivas e individuales y bajo la amenaza de perpetuarse en el poder mediante la reelección presidencial indefinida hoy prohibida.
Coincidimos que estas elecciones no son un episodio más en la reconocida trayectoria democrática de los últimos 77 años.
Coincidimos con la sensata preocupación de candidatos y líderes demócratas quienes, a lo largo de la presente campaña, han advertido que lo que está en juego en las urnas es el preciado derecho a la convivencia democrática, sin amenazas, sin represalias, sin represión, sin coacción ni resquebrajamiento de su aparato institucional.
De ahí la particular importancia de salir a votar este domingo.
La importancia de llenar, sin miedo, las urnas.
¡Está en juego nuestra democracia!
¡Están en juego nuestras libertades!
¡Desafiemos y derrotemos al chavismo autoritario!
¡No a una dictadura!





