Negacionismo electoral…

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  • La savia de una democracia es la calidad de su conversación pública. ¡Ya basta de envenenarla!

Gustavo Román Jacobo, Director General de Estrategia y Gestión Política, Tribunal Supremo de Elecciones

A pesar del resultado favorable obtenido por el chavismo en las pasadas elecciones, se esparce en entornos digitales de esa afinidad la denuncia de un supuesto fraude perpetrado por el TSE en favor de partidos opositores. Eso, aparte de evidenciar lo justificada que era la duda sobre el respeto demócrático con que habrían asumido un resultado adverso, amerita plantearse la responsabilidad política de quienes han alentado el negacionismo electoral en el país.

El activista digital de quien comparto abajo dos videos y una fotografía es solo uno de decenas que han desinformado flagrantemente sobre el proceso electoral y sobre el TSE, y todos siguen el mismo guion: narrativa conspiranoica, sustentada en afirmaciones sin pruebas, omisión de cualquier dato que problematice ese relato, confusión conceptual, ignorancia respecto de los procedimientos y, sobre todo, una alta carga emotiva victimista (uno se cuestiona qué tanto poder necesitan acumular para abandonar ese papel de víctimas del sistema) dirigida a provocar indignación y, a partir de ahí, incitar a la violencia.

No importa que haya habido fiscales de Pueblo Soberano en las 9 sesiones de escrutinio verificadas hasta hoy al medio día, que hayan copado hasta el máximo de 5 representantes en 8 de ellas y que ningún partido, ni el PLN, ni el FA, ni el PUSC, haya tenido tanta presencia como ellos en ese proceso de revisión pormenorizada tula por tula. No importa que tras esas 9 sesiones de escrutinio ese partido no haya presentado una sola demanda de nulidad, o que la propia oficialidad del partido haya emitido el comunicado que pongo abajo indicando que el escrutinio avanza bajo su celosa vigilancia. Implantado ya el negacionismo electoral como narrativa (empeño sistemático rastreable desde hace cuando menos dos años), funciona casi de forma inercial a través de un robusto ecosistema comunicacional integrado por canales de televisión comandados por periodistas que traicionaron su oficio, expertos y pseudoexpertos omnipresentes en esos mismos medios, troles y bots a granel, y estridentes comunicadores digitales como el indicado, validados una y otra vez como fuentes de información por la propia Casa Presidencial.

La savia de una democracia es la calidad de su conversación pública. ¡Ya basta de envenenarla!

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