La sorpresiva muerte del actor y comediante estadounidense Robin Williams, de 63 años, por aparente suicidio, amén de la extraordinaria cobertura informativa mundial, genera inquietud entre analistas de la prensa sobre los términos en que debe ser reportado el acontecimiento, plantea Sarah Boseley, editora de salud de The Guardian, Londres. Recomienda una serie de guías de la organización Los Samaritanos para ayudar a informar periodísticamente y con responsabilidad de un hecho de estos.

 

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