La odisea de Elián González, el “balserito” cubano, que sobrevivió a un naufragio en el Caribe mientras su madre lo llevaba en una lancha clandestina a Miami el 22 de noviembre de 1999. Y la posterior disputa diplomática entre EE.UU. y Cuba por la protección del menor. Crónica de Gabriel García Márquez de marzo del 2000 en la revista Semana de Bogotá.

Añade: “Desde las primeras llamadas, Juan Miguel se dio cuenta de que alguien en Miami entorpecía las conversaciones telefónicas con su hijo. “Es bueno que usted sepa que desde el principio hacían todo lo posible para sabotearnos”, me dijo. “A veces le hablan a gritos al niño mientras conversamos, suben al máximo el volumen de los dibujos animados en la televisión o le ponen un caramelo en la boca para que no se le entienda lo que dice”. Estas artimañas fueron sufridas también en carne propia por Raquel Rodríguez y Marcela Quintana, las abuelas de Elián, durante su tormentosa visita a Miami, cuando un agente de la policía, a órdenes de una monja frenética, les arrebató el teléfono celular con que ellas daban noticias del niño a sus familias de Cuba”.

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