“El verdadero poder de Fidel Castro nunca fue el amor de los cubanos, sino el temor inconfesable que estos sentían hacia él” Miriam Celaya, periodista cubana

“Los medios oficiales recién han anunciado la última y definitiva defunción de Fidel Castro y he creído percibir en el mensaje luctuoso más alivio que duelo”, dice desde La Habana la analista Miriam Celaya del sitio disidente 14ymedio.com al referirse a la muerte del controversial líder cubano

Y añade: ” Si yo fuera una persona piadosa sentiría al menos una pizca de pena, pero no es el caso. Definitivamente, la piedad por los déspotas no se cuenta entre mis pocas virtudes. Y, como siempre he preferido el cinismo por sobre la hipocresía, estoy convencida de que el mundo será un mejor lugar sin él”.

“De cualquier modo, para mí ya el anciano dictador había muerto mucho tiempo atrás, en una fecha imprecisa, sepultado bajo alguna polvorienta lápida sin epitafio en lo más recóndito de mi memoria, así que solo puedo sentir curiosidad por lo que pudiera significar este esperado (desesperado) desenlace para aquellos que han mantenido atados sus destinos a cada espasmo de sus numerosas muertes”.

“Sin embargo, no porque yo le hubiese hecho un funeral anticipado deja de ser un acontecimiento su irreversible salida de este mundo. Ahora desaparecerá la imagen de fantasma derrotado en que se había convertido y también dejará de gravitar como una fatalidad inevitable sobre el ánimo supersticioso de la nación. Finalmente, se esclarecerá si es verdadero o falso aquel vaticinio de que “Cuba cambiará realmente cuando Fidel haya muerto”, porque para casi todos los cubanos suele resultar más cómodo esperar los cambios derivados del curso de la naturaleza que arriesgarse a hacerlos por sí mismos. Los pueblos que sienten vergüenza de sus destinos suelen arrojar sobre los sátrapas las culpas de su propia irresponsabilidad colectiva”, plantea la columnista.

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