“En 1987 nosotros fuimos los protagonistas de los eventos de nuestra época y la firma del Plan de Paz cambió la historia de Centroamérica, y también cambió mi vida para siempre”, dice el expresidente y Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, al rememorar la concesión de ese galardón a su persona hace 29 años por el plan de paz que impulsó para acabar con la guerra en Centroamérica.

“La construcción de la paz es quizás la tarea más obstruida, más subvertida, más amenazada de todas las que ha emprendido el ser humano desde sus orígenes”, añade el exgobernante quien recientemente desistió de un tercer intento por alcanzar la presidencia de la República.

“Me conmueve conmemorar el 29 aniversario de haber recibido del Premio Nobel de la Paz. Me conmueve recordar aquellos años de lucha por acallar el estruendo de la guerra en Centroamérica, aquel concierto fantasmal que mezclaba el sonido del llanto con las balas. Me conmueve saber que han transcurrido 29 años desde aquel momento en el que los Presidentes centroamericanos firmamos mi Plan de Paz, y que Centroamérica sigue siendo una región sin guerra, aunque algunos países sufren hoy la sangría de las maras y del crimen organizado”, dice Arias en un reciente post en su cuenta Facebook.

“Aunque me entusiasma celebrar la victoria de la paz en Centroamérica y el haber recibido el Premio Nobel de la Paz, sé bien que este es un momento difícil para quienes queremos vivir en un mundo más pacífico. El camino de la paz puede ser más largo, más tortuoso, más incierto, pero es el único camino posible lejos del borde del precipicio. Somos todavía como Adán y Eva en un Paraíso sideral, minutos antes de ser expulsados por nuestra propia soberbia. Depende de nuestra responsabilidad, de nuestra humildad y de nuestra valentía, que no perdamos la oportunidad sobre la Tierra, que no dilapidemos el prodigio de esta vida que nos ha traído angustias y dolores, pero nos ha permitido también concebir la alegría. El más grande poeta costarricense, Jorge Debravo, dijo que la esperanza es de hueso, más poderosa que la imaginación y que el recuerdo. Que esa esperanza, que existe todavía, nos infunda aliento para emprender la última carrera de la civilización insostenible, y la primera de la que habrá de pervivir y sucedernos”, sostiene Arias.

 

 

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