Edgar Fonseca M., editor PuroPeriodismo.com

Se nubla el horizonte de Alajuelense.

Tras 14 fechas del presente torneo corto, el desempeño del equipo manudo es uno de los peores en su reciente historia, ¡atado al sótano!, y acercándose, peligrosamente, al despeñadero del descenso.

Sombrío presagio a las puertas del centenario de una institución que le ha dado gloria y prestigio al fútbol local y regional.

Tras 14 exasperantes fechas, Liga Deportiva Alajuelense no encuentra un rumbo claro. O, si lo tiene, es el rumbo menos esperado.

No se confundan.

No critico la traída de un técnico de talla mundial para echar a andar un proceso de renovación estructural. La decisión me parece atrevida, correcta y visionaria. Como corresponde en la vida de las grandes instituciones.

Ha sido una decisión audaz, controversial, en una liga limitada como la tica, sino que lo diga Saprissa que acaba de ser fulminado en el México de la altísima competencia.

Lo que no está claro, a estas alturas, es a cuál costo estará dispuesta a ir la directiva rojinegra con su propósito.

¿Incluye acompañar a los equipos coleros?

¿Incluye transitar la riesgosa senda del descenso, repito, a las puertas del centenario?

¿Con todo el impacto institucional, empresarial, comercial, en juego?

¿Están conscientes de ello los directivos?

¿Está consciente el cuerpo técnico?

¿Son conscientes los jugadores, algunos de los cuales parecen sentirse muy  a gusto en una “zona de confort” de seis años, ya, sin alcanzar ningún título? ¿Sin que se les llame a cuentas?

No juega a nada

La Liga de estas horas no juega a nada.

Es un equipo insípido.

Desvertebrado. Desintegrado.

Embarrenado y en caída libre.

Sin solvencia, ni, muchos menos, contundencia.

Fecha tras fecha, alineación tras alineación, aquello es prueba, ensayo y… error, tras error.

Y, como decía una crónica futbolera, desangrándose en puntos clave en la otrora temida fortaleza eriza.

La Liga prácticamente está eliminada de la próxima fase final del torneo. Casi fuera, muy temprano, de una fase de la que nadie estará a gusto quedar al margen, dada la ambiciosa apuesta que se ha hecho.

La Liga de estas horas es un equipo predecible al cual los “viejos zorros” del paupérrimo fútbol local le conocen sus flancos más débiles, se aprovechan y la cazan con pasmosa facilidad.

Que lo diga Santos, su primer bestia negra de este torneo.

Que lo diga el superlíder Limón  –¡oh grata sorpresa de nuestra perla caribeña!– que le clavó, en el minuto final, un dardo venenoso.

Cualquier tiro de corner, cualquier centro al área causa naufragio en la gelatinosa, en la medrosa defensa manuda.

Que lo diga Liberia que, de la mano de Josimar Pemberton –una potencial estrella alajuelense desperdiciada, como tantas otras en tiempos recientes– la remató tras un error infantil entre portero y defensor.

¿Qué dirán las glorias rojinegras de todos los tiempos de este momento de la institución?

¿Qué dirán los Juan Ulloa? ¿Los Errol Daniels? ¿Los Rodolfo Mills? ¿Los Alejandro González? ¿Los Omar Arroyo? ¿Los Zurdo Jiménez? ¿Los Miso? Los Machillo Ramírez? ¿Los Pato López? ¿Los Mauricio Montero?

¿Que dirán todos ellos que en su tiempo dieron honor a la institución, al fútbol local y regional?

La respuesta la tienen  quienes, con todos los recursos a su alcance, protagonizan en estos instantes este miserable capítulo en la historia de una entidad, de una empresa deportiva que no merece enrumbarse –a las puertas de su centenario– al abismo al que la aproximan, como si allí no pasara nada.