Edgar Fonseca, editor PuroPeriodismo.com

La magistrada Alba Luz Ramos Venegas, militante sandinista en los años setenta,  conocida como “Natalia” durante la revolución que tumbó a Somoza en 1979, preside la Corte Suprema de Justicia de ese país desde 2002, plegada a la descomposición institucional bajo la dictadura de Daniel Ortega, que tiene su epicentro el Poder Judicial, denuncia un informe del diario La Prensa de Managua.

Bajo el mandato de Ramos en la Corte en la última década, se ha experimentado “uno de los períodos más oscuros y nefastos en la historia judicial de Nicaragua”, destaca un experto constitucionalista consultado por el diario.

Ramos, pronta a cumplir 68 años, doctora en Derecho, se negó a atender al diario en medio de recientes escándalos conocidos por la opinión pública. Uno de ellos que tres magistrados consultaron y siguieron instrucciones de Ortega, como si tuviese la última voz en decisiones judiciales del país, en una disputa de una propiedad en Chinandega y el gasto de casi un millón de dólares en renovar la flota de vehículos del Poder Judicial, con camionetas de $60 mil para cada magistrado, añade La Prensa.

En el ojo del huracán

Los casos que han puesto como tema de debate la competencia de la Corte Suprema de Justicia de Ramos en 2017 fueron descubiertos por el diario en los últimos dos meses.

El primero, publicado el pasado 17 de abril, reveló que tres magistrados judiciales consultaron y siguieron orientaciones de Daniel Ortega sobre un litigio de propiedad en Chinandega, como si la cabeza del poder ejecutivo tuviera la última voz de mando en asuntos del Judicial. Y el segundo, que vio luz el 16 de mayo, fue la renovación de una costosa flota vehicular para magistrados y funcionarios donde, como mínimo, se habría gastado 960 mil dólares (mientras que una parte de los empleados llevan ocho años esperando un reajuste salarial).Las respuestas de la Corte para ambos casos —documentados con propiedad por LA PRENSA y disponibles en línea—, fue desmentir y llamar al Diario “manipulador”, pero estas están lejos de ser las únicas veces que, en los últimos años, el organismo presidido por Ramos es protagonista de controversias.

“A la doctora Ramos le tocó gestionar la Corte Suprema en un período político muy convulso, muy complejo, y lamentablemente, junto a la mayoría, la totalidad de magistrados, se ha plegado a la descomposición de toda la institucionalidad del país y particularmente la del poder judicial, que es la más grande, yo diría, por encima de la del poder electoral”, dijo el doctor en Derecho Constitucional, Gabriel Álvarez, quien lamentó que, bajo la presidencia de la Corte de Ramos, se ha vivido en la  última década “uno de los períodos más oscuros y nefastos en la historia judicial de Nicaragua”.

Ver informe especial diario La Prensa, Managua