Vladimir de la Cruz, analista

El retorno de Johnny Araya al partido Liberación Nacional es quizá un derecho que él mismo considere para sí. Siempre ha sido miembro de ese partido, excepto unos años de su primera militancia política que lo hizo en tiendas de la izquierda.

Nunca aspiró públicamente, dentro de Liberación Nacional, a ser diputado o ministro. Tuvo oportunidad de desempeñarse en la Municipalidad de San José donde durante más de veinte años fue su principal figura corporativa, en los últimos años como Alcalde municipal.

Para las elecciones del 2010 ya había manifestado su interés de aspirar a la candidatura presidencial por parte del Partido Liberación Nacional, pero fue hasta las elecciones del 2014 en que tuvo su oportunidad, siendo candidato único en esa ocasión dentro del partido, lo que no tuvo que resolver en una Convención interna.

El resultado electoral del 2014 impuso una segunda vuelta de elecciones, en la que Araya quedó inscrito como segundo contendiente siguiendo a Luis Guillermo Solís del Partido Acción Ciudadana, por poca diferencia de votos.

La campaña electoral había sido muy mal manejada y peormente diseñada. Trató de desarrollar una estrategia  de convertirse en el centro político, escogiendo como contrincantes a derrotar al Frente Amplio y al Movimiento Libertario, ubicándolos como izquierda y derecha, sin poder lograrlo. Lo único que resultó fue producir un crecimiento artificial del Frente Amplio que se expresó en los nueve diputados que obtuvo y el alto porcentaje de votos de su candidato presidencial. Sin poderse constituir   Araya en el centro político,  Solís logró posesionarse desde el final de la primera ronda electoral en ese centro desplazándolo en su aspiración. Así, para la segunda ronda, cuando solo dos partidos políticos participaban, era obvio que todo el conglomerado de partidos que había participado en la primera, evitando que Liberación Nacional tuviera un tercer gobierno consecutivo, se aglutinara naturalmente contra Araya y el partido Liberación Nacional.

En Costa Rica no tenemos bien desarrollada la práctica de alianzas reales estratégicas o de coaliciones electorales, que sobre planes de gobierno, proyectos de ley, puedan formarse incluso compartiendo ministerios. Así, los electores fueron a votar en masa, por sus diversos partidos que se habían enfrentado a Liberación Nacional en febrero del 2014, sumándole a la única opción en posibilidad de derrotarlo en la segunda, que fue el partido Acción Ciudadana, de allí su alto grado de votación.

Para la segunda ronda Araya anunció sorpresivamente que dejaba la campaña electoral, reconociendo tácitamente el triunfo de Solís, abandonando de hecho la lucha electoral.

De acuerdo al Código Electoral los candidatos presidenciales una vez inscritos como tales no pueden retirarse de la contienda. Tienen que participar hasta el final. Araya, como capitán del barco liberacionista, en su hundimiento lo abandonó, dejando a la tripulación y a los que lo acompañaban en ese viaje. Bernal Jiménez, presidente del Partido Liberación Nacional tuvo que asumir la conducción de la nave en ese remolino electoral que la había metido Araya, al salirse de la segunda vuelta electoral.

Esto le ocasionó a Araya que el Comité de Etica del Partido Liberación Nacional le sancionara para que en un lapso de cuatro años no pudiera participar o aspirar a puestos de elección dentro de ese Partido.

Por la alcaldía

Con el gusanillo de la política, pero más el de alcalde, con motivo de las elecciones municipales del 2016, sin el Partido Liberación Nacional, Araya arregló su retorno a la Municipalidad de San José con el partido evangélico Alianza por San José, renunciando de esa manera a Liberación Nacional, porque el Código Electoral, ni los Estatutos internos de los partidos políticos de Costa Rica, permiten la doble militancia. De manera que desde el 2015, o en el 2014, cuando le impusieron la sanción del Comité de Etica de Liberación Nacional, para poder participar como candidato a Alcalde por otro partido ya tenía que haber dejado las tiendas liberacionistas.

El Estatuto liberacionista permite que los que han sido candidatos presidenciales de este partido puedan participar de las sesiones del Directorio Político, que es el máximo órgano de dirección de este Partido.

Para la Convención interna del 2017,  Araya apoyó al candidato Antonio Alvarez Desanti, lo cual es su derecho, y el de Antonio de recibir ese apoyo. Antonio había sido parte del comité o comando estratégico de la campaña de Johnny, de manera que podía entenderse este favor retribuido.

Lo insólito es que dicho apoyo se da sin renunciar públicamente Araya a su partido cantonal Alianza por San José, provocando una mezcla de intereses que solo producía sinsabores. Y, más recientemente, cuando anuncia su regreso a Liberación Nacional y se incorpora de facto al Directorio Político Nacional, sorprendiendo a los principales dirigentes liberacionistas y a los sectores que habían apoyado con más fuerza a Alvarez Desanti frente a José María Figueres.

Si Johnny puede estar o no en ese directorio ahora es un dilema casi jurídico, de tiempo de salida y de tiempo de regreso al Partido. El Estatuto partidario establece que debe tener dos años por lo menos de haber regresado al Partido Liberación Nacional  y pareciera que no los tiene. Todavía al día de hoy no hay una renuncia pública de Araya al Partido Alianza por San José.

¿Qué gana Álvarez?

Como miembro de ese Partido deja mucho que decir a las personas que le apoyaron y confiaron en él como dirigente y como candidato. Como candidato de cualquier partido con el que quisiera participar, incluso de nuevo con Liberación Nacional, también provoca mucha desconfianza este comportamiento diletante. Esto será resuelto obviamente por Liberación Nacional, pero, ¿a qué costo en medio de esta campaña electoral, que para Alvarez Desanti, está siendo diseñada con los mismos malos valores estratégicos que llevaron a Johnny a su estruendosa derrota? ¿Está dispuesto  Alvarez Desanti a repetir esos errores? ¿No ha aprendido Alvarez la experiencia de la derrota del 2014 de su equivocada conducción estratégica electoral? ¿Cree Alvarez Desanti que Araya en este momento le suma más de lo que le resta a lo interior de su Partido? Si  Araya no pudo desarrollar un discurso y una estrategia de centro político, menos lo podrá  Alvarez colocándose al frente de los populismos de derecha o izquierda.

La incorporación de Araya en la forma que lo está haciendo cuestiona fuertemente los grupos que apoyaron fielmente a Álvarez, especialmente al arismo, que fue su columna vertebral y su fuerza política y moral, sin ninguna duda, en esa contienda.

Si Araya aspira regresar como candidato presidencial de Liberación Nacional en el 2022, que pareciera esa es su ruta, nada más hay que recordar que  Liberación  solo le dio oportunidad de repetir candidaturas presidenciales a los líderes históricos y fundadores de ese partido. Así a Francisco Orlich le dio dos oportunidades, en 1958 y 1962, a Daniel Oduber en 1966 y en 1974 y a Luis Alberto Monge, en 1978 y 1982. Después de ellos a nadie más. Los candidatos perdedores en campañas presidenciales a partir de 1990 no tuvieron esa doble oportunidad, Carlos Manuel Castillo en 1990, José Miguel Corrales en 1998, Rolando Araya en el 2002, quien también fue a segunda vuelta. ¿Por qué entonces a Araya, perdedor de las elecciones en el 2014, y que abandonó la trinchera de combate electoral, se le dará una segunda oportunidad en el 2022? Hay que esperar a ver si esta historia cambia. Para mí ya hay caminos trazados que no tienen retorno en Liberación Nacional.

De esta campaña, salvo alguna circunstancia especial, surgirá una nueva dirigencia política aspirando a la candidatura presidencial liberacionista del 2022, que todavía podría enfrentar la aspiración a la reelección presidencial de Figueres, sobre todo si  Alvarez Desanti es derrotado en esta campaña, de la que Figueres podría presentarse como el Ave Fénix.

Salvador de Liberación Nacional, en una situación similar, solo lo ha sido el Dr. Oscar Arias Sánchez, en la campaña del 2005-2006. Del éxito de su gobierno resultó el de Laura Chinchilla. Pero, si Alvarez no gana no habrá resultado de gobierno sobre el cual pueda montarse algún candidato en el 2022 para darle continuidad.

Esperemos el curso de los acontecimientos políticos dentro de Liberación Nacional, que por ahora parece una cajita de Pandora, que ya muestra rendijas.