Edgar Fonseca, editor

La más reciente encuesta electoral de la UCR terminó de pintar lo volátil que anda el votante tico con miras a los comicios del próximo cuatro de febrero.

Esa noche, a como pintan los nublados del día, cualquier cosa puede pasar.

Consultados al calor de la ola de reacciones que desató el fallo de la Corte IDH sobre las uniones del mismo sexo en el país, las respuestas se dispararon, hasta en 14 puntos, a favor del candidato que mandó a la hoguera la resolución y a quienes la prohíjen.

En la coyuntura electoral, la decisión de un ente hemisférico, de profundas repercusiones legales y sociales, zarandeó las fidelidades de los votantes que hasta el día de hoy se niegan a darle a ningún candidato un “cheque en blanco”, y encumbró, de la noche a la mañana, a un líder religioso. Cualquier parecido con Guatemala, es mera coincidencia.

Esa reacción catalogada por analistas como más emocional y emotiva que racional, hace presumir que, aún en el silencio de las urnas, nada garantiza que se cumpla lo que se haya prometido, en lealtad, a uno u otro aspirante, a uno u otro bando, por más abrazos y likes.

“La fidelidad de marca es bajísima”, advierte el politólogo  José Alberto Rodríguez, veterano encuestador electoral, presidente de la firma Demoscopía.

“Ningún electorado de la historia de la nación costarricense ha sido más arisco o indiferente que el actual”, sentencia Víctor Ramírez, curtido operador político.

Con ese efervescente estado de ánimo, el día “D” no solo pondrá a prueba la capacidad de convencimiento y de movilización que haga cada quien de sus seguidores –“una cosa es verla venir y otra bailar con ella”– sino pondrá sobre la balanza el duro juicio popular sobre los actores clave, los candidatos, los partidos, el gobierno, los encuestadores y otros protagonistas no tan al margen:

  • PLN- Se juega la vida. Frente a uno de los electorados más esquivos, no solo se juega el retorno al poder sino su sobrevivencia, tras una campaña embarrenada  en el desencanto y la decepción con los políticos tradicionales
  • PAC-Fulminado por el inesperado mayor escándalo de los últimos años y con el lastre del gobierno a cuestas, intentará “salvar los cueros” con una representación legislativa digna con la mira en 2022
  • El Gobierno-Serán unas elecciones en que los votantes están listos a pasarle las correspondientes facturas tras la fallida promesa de “cambio”, por más selfies, inauguraciones y cortes de cintas en que se prodiguen ahora. La única duda es, ¿cuán severo será ese juicio? El 51% de desaprobación a la gestión que refleja la última encuesta CID-Gallup es una campanada.
  • Las encuestadoras-El carrusel de datos semanal aturde a los votantes. Si en una semana el repentino oleaje del candidato evangélico se evapora, ¿qué confianza darán nuevas predicciones?
  • El fallo LGTBI-¿Fue lo más oportuno, desde el punto de vista de réditos electorales, que la Corte IDH soltara su bomba –celebrada con champagne en el gobierno– casi con las urnas abiertas? Ese 67% de rechazo al fallo, que registra la encuesta UCR, le puede servir de termómetro a no pocos interesados.
  • La Fiscalía-Los contundentes golpes judiciales del “cementazo”, contra unos y otros, se notan en las encuestas y deberían traducirse en aguijones decisorios en los centros de votación.                                                                                                      Así nos acercamos a estos comicios mientras las calificadoras financieras internacionales encienden luces de alarma ante eventuales “exóticas” escogencias que terminen de nublar el horizonte de esta tierra bendita. Ciertamente, vamos hacia unas elecciones cruciales.