Israel Oconitrillo, periodista *

A finales de 2005, Oscar Arias, expresidente de la República y Premio Nobel de la Paz, visitó la ciudad de Limón en donde tuvo un diálogo directo con empleados y sindicalistas de Japdeva. Les señaló que el progreso de Limón estaba en la construcción de una nueva terminal portuaria ajena a los problemas portuarios actuales. En esa reunión, en la que me tocó hacer de moderador, comprobé la contundencia de su compromiso, tal como lo plasmó en su Plan de Gobierno al señalar que “La aventura a la que convoco a todos los costarricenses tiene un sólo sentido y destino: aunar las mejores tradiciones de nuestra historia con nuestra voluntad de cambio para entregarle a la generación del 2021 el primer país desarrollado de América Latina”.

Así pues, Costa Rica no podía postergar su ingreso al comercio mundial con una excelente infraestructura portuaria. Limón y los limonenses, señaló ese día, debían avanzar hacia la modernización de sus puertos, de lo contrario solo veríamos pasar frente a nuestras costas los grandes buques rumbo a otros puertos con mejores condiciones.

Promesa cumplida

No tardó en hacer cumplir su promesa de campaña una vez que fue elegido Presidente en su segundo mandato. Conformó un equipo de alto nivel para empezar a trabajar en la modernización portuaria. Para enero del 2007 ya se tenían los elementos para redactar el cartel de licitación para la concesión de un megapuerto en Moín, así como la licitación para la concesión de los servicios portuarios de las terminales de Limón y Moín.

En su visita a Singapur, donde estuvo acompañado de altos funcionarios relacionados con la modernización portuaria, manifestó que esa nación había dado el salto al futuro que mi pequeña nación aún espera. “He venido a este país a admirar su belleza y su sorprendente desarrollo, a aprender de su visión y de su determinación”.

Justamente ayer visité la nueva terminal portuaria de Moín, a cargo de la empresa concesionaria APM Terminals, no tardé en extraer de mi memoria las palabras que pronunció aquel 2005 don Oscar Arias que señaló un rumbo con un capitán, el timón y la brújula de cómo llevar progreso y bienestar a su pueblo. No fueron fáciles esos años de resistencia al cambio, el pueblo entendía que ese era el derrotero para llegar a ese Limón que queríamos ser: moderno, competitivo y abierto al mundo. Su sueño fue y ahora será una realidad: Limón no será nunca más una provincia olvidada.

 

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