Pablo Ureña, abogado

Escucho a algunos muy insistentes en que Carlos Alvarado debe ampliar y robustecer su propuesta programática en materia económica, ambiental, de infraestructura, etc. Y tienen razón. Los escucho, además, decir que más pronto que tarde debe lograr el apoyo de figuras -sobre todo de economistas- de otras tiendas. Si son de los buenos, tienen razón.
Para ganar en segunda ronda, el PAC no es suficiente. Debe ganar apoyos cualitativos y cuantitativos en el PUSC y el PLN. Para ello habrá que hablar de programas y de equipos.
Pero no nos hagamos “los pendejos”. No solo de eso se trata la segunda ronda. A diferencia de elecciones anteriores, aquí sí están enfrentadas dos visiones del mundo, de la vida propia y de la vida ajena.
Carlos representa la visión más que secular de la cultura liberal y democrática costarricense que surgió en la primera república y prevaleció durante la segunda república hasta nuestros días. Fabricio representa el oscurantismo de las épocas previas a la revolución civilista de don Próspero Fernández que hoy, con el concurso de los monseñores, quiere resucitar entre nosotros.
Por eso, para mí, la segunda ronda es un pulso entre la democracia liberal costarricense y la pretensión teocrática decimononica que, no obstante tener mas de un siglo de derrotada, sigue viva y al acecho.