Edgar Fonseca, editor/Foto Oscar Navarrete, diario La Prensa, Managua

Hoy vivimos lamentablemente en una sociedad interesada en producir paralíticos… Hay muchas personas que están paralizadas por el miedo, incapaces de alzar su voz o de manifestar su indignidad ante las injusticias y los abusos de las autoridades civiles y militares, privándose de ejercer sus derechos ciudadanos”.

El pasado 11 de diciembre, el Obispo Auxiliar de Managua,  Monseñor Silvio Báez, marcó, así, en una homilía sobre la paz y los derechos humanos, una constante de sus críticos mensajes por el derrotero antidemocrático de Nicaragua bajo el régimen de Daniel Ortega en los últimos 11 años.

Una constante que lo ha llevado a convertirse en el enemigo público número uno del régimen y en el más prominente personaje público enfrentado al rumbo autoritario del país.

La sangrienta rebelión de los últimos días, con un saldo de al menos 30 muertes, centenares de heridos, decenas de detenidos y desaparecidos y la peor ola de disturbios y saqueos en una década, ratificó la influyente actitud de este prelado nicaragüense, pronto a cumplir 60 años, nacido en Masaya, de formación salesiana y destacado miembro de la orden de los Padres Carmelitas Descalzos.

El diario El País de Madrid lo describe como el “cerebro” de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

Con una intensa presencia mediática, con frecuentes tuits, en los momentos más convulsos de la rebelión, y con una vasta trayectoria en Roma, monseñor Báez no pestañeó en denunciar al régimen y en demandar el cese de la represión contra los manifestantes.

Llama arrogante a Ortega

¡Presidente Daniel Ortega, deponga su actitud arrogante, escuche al pueblo, ábrase a dialogar con toda la sociedad, sienta el dolor de tantas familias y colabore a la paz en el país!, le reclamó en un tuit al gobernante.

“Gral. Julio César Aviles y Comisionada Aminta Granera: ¡En nombre del Señor Jesús les pido detener la represión! Sean sensatos. ¡No más muertos y heridos! Los invito a escuchar en sus corazones la voz de Dios: «No matarás»”, urgió a los dos principales jefes militares y policiales a cargo de las operaciones de choque con los manifestantes.

“DENUNCIA. Se escuchan fuertes disparos, como de ametralladoras, en las cercanías del Barrio La Estación en Masaya. La población está aterrorizada. ¡CESE LA REPRESIÓN!”, insistió en sus tuits mientras ofrecía su solidaridad a los participantes en la revuelta.

“Quisiera agradecerles en nombre de la Iglesia, porque ustedes son la reserva moral que tenemos”, les dijo a decenas de muchachos atrincherados en la Catedral de Managua.

La denuncia de monseñor Báez es la que más fuerte se escucha desde la jerarquía de la iglesia católica nicaragüense, cuya beligerante voz de otros tiempos se apagó en los últimos 11 años bajo el régimen de Ortega.

Versiones independientes aseguran que en la planilla estatal hay sacerdotes, otrora reconocidos por su actitud crítica frente al régimen, con salarios de hasta $3 mil.

En tal contexto, la voz de monseñor Báez cobró particular resonancia a su regreso al país en 2009 –tras 30 años de ausencia– cuando el papa Benedicto XVI lo designó obispo auxiliar de Managua.

Casi como un extraño en tierra propia, por su prolongada ausencia, monseñor Báez  se volvió  el más  férreo crítico de la conducta represiva y arbitraria de gobierno de Ortega.

“Me gusta decir las cosas por su nombre, soy un partidario apasionado de la verdad”, dijo al diario  La Prensa en diciembre 2017.

En noviembre de 2016 se negó a votar en las elecciones presidenciales.

“Este domingo he tomado mi decisión, que ha sido de superación de la indiferencia, no he ido a depositar mi boleta a ningún centro electoral y no por abstencionismo, sino por responsabilidad y por amor a Nicaragua. No me he fijado solo en este proceso, sino en toda la historia reciente de Nicaragua y para mí el problema no es el proceso electoral, porque este proceso electoral es hijo de un sistema viciado de raíz, autoritario y antidemocrático. En conciencia yo no podía prestarme a ir a ser parte de un juego que considero que no respeta la voluntad de los nicaragüenses y que no le trae ningún bien a Nicaragua”, denunció en el diario El País de Madrid.

Ello le valió un choque con el presidente Ortega quien lo tildó indirectamente de “bravucón”.

“A sus 91 años (Obando y Bravo) fue a votar el día 5 de noviembre, participó en las elecciones, como participó también el cardenal Leopoldo Brenes. ¿Por qué? Porque el cardenal Miguel y el cardenal Leopoldo Brenes vivieron toda esa etapa aquí en Nicaragua; ellos no estaban fuera, vivieron esa etapa, supieron lo que era el dolor en las familias nicaragüenses. Ahora es fácil, que, unos que se la pasaron afuera todo ese tiempo, vengan a hablar como los más bravucones y los más radicales”, le espetó Ortega con quien ha tenido solo dos encuentros, reseña un informe del diario La Prensa que lo designó personaje noticioso del 2017.

El diario lo escogió por su “valentía y aplomo” para describir la situación del país.

De uno de sus dos encuentros con el gobernante dijo: “(Ortega) me pareció una persona que tiene ciertas ideas bastante claras y que es muy difícil de sacarlo de sus esquemas políticos. Muy difícil hacerle ver las cosas de otra manera”.

Ordenado sacerdote en Costa Rica

Tras haber decidido sorpresivamente en 1979 –con el arribo de los sandinistas al poder– que se vincularía a la orden de los Carmelitas Descalzos, Báez partió a Costa Rica donde recibió su ordenación sacerdotal el 15 de enero de 1985 en la parroquia de San Ramón, Alajuela.

Hizo sus estudios de filosofía y teología en el Instituto Teológico de América Central en San José. Nueve meses después de su ordenación, salió a estudios superiores a Roma.

En 1988 alcanzó el título de licenciado en Sagrada Escritura  en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma.

Entre 1988 y 1994 prestó diversos servicios de su orden en Centroamérica.

También –cita el sitio de radio Corporación de Managua— fue profesor invitado de Espiritualidad Bíblica en España, en la Pontificia Universidad de Salamanca, y en la Universidad de la Mística de Ávila. E impartió cursos de Teología y Espiritualidad Bíblica y talleres bíblicos a nivel popular en Centro América, México, Perú, Argentina, Estados Unidos, España e Italia.

Del 2006 al 2009 fue el Vice Presidente de la Pontificia Facultad de Teología de los Padres Carmelitas en Roma, el TERESIANUM, en donde también fue profesor ordinario de Sagrada Escritura y de Teología y Espiritualidad Bíblica. En esta misma Facultad de Teología fue director por varios años de la revista de alta divulgación teológica “Teresianum”,  agrega Corporación.

En esa posición recibió el llamado de Benedicto XVI, el 9 de abril de 2009, para asumir como obispo auxiliar de Managua, un nombramiento estimado como “político”.

Un llamado que sus más cercanos advirtieron sería controversial por su firme posición ante el régimen.

“Ni quiera Dios que te nombren obispo, vas a venir a un problemón en Nicaragua”, le dijo su hermano Xavier en aquel momento, relata La Prensa.

“Hay muchas personas que están paralizadas por el miedo, incapaces de alzar su voz o de manifestar su indignidad ante las injusticias y los abusos de las autoridades civiles y militares, privándose de ejercer sus derechos ciudadanos”, sentenció en su homilía del 11 de diciembre en ocasión del Día Internacional de los Derechos Humanos.

“¡Es hora de reconstruir la democracia!¡Es hora de que Nicaragua vuelva a ser república!”, advirtió tras la rebelión cívica de la última semana.

Su verbo incandescente cobra significativa trascendencia en medio de los convulsos momentos que atraviesa Nicaragua.

Su voz no cede a pesar de las represalias, de las amenazas  y de la intimidación del régimen. “No tengan miedo”, exhorta a sus compatriotas.

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Un obispo sin carros, ni propiedades y poco dinero

El diario La Prensa describe a Monseñor Silvio Báez como alguien austero en sus recursos.

Vive en un apartamento en el seminario La Purísima, en Carretera Sur, y dice que él no posee bienes. Únicamente tiene su teléfono, un Ipad, sus libros, pero no tiene ni carros ni propiedades. Sí tiene una cuenta bancaria, pero es muy poco el dinero que hay en ella. “El poco dinero lo tengo ahí para no tenerlo en el ropero”, expresa el religioso, quien afirma que él mismo maneja la camioneta que le asignó la Iglesia, limpia y cocina porque no tiene para pagar a un conductor o a una cocinera, cita el diario.

¿Y sus rutinas?

Tras vivir casi veinte años en Roma, a monseñor Báez le gusta cocinar al estilo de la cocina italiana, reseña La Prensa.

Eso sí, dice que también le encanta la cocina nicaragüense y nunca desprecia un nacatamal o un indio viejo.

En su casa, en el Seminario La Purísima, Báez es quien realiza las labores domésticas. Cocina, limpia, hace las compras.
Lo primero que hace al levantarse es rezar. “Pido muchísimo por Nicaragua. Siento un llamado profundo a orar por Nicaragua. Pido por el que más sufre, por el que está sin trabajo. Cuando voy a una parroquia siempre prometo orar por la gente. Y lo cumplo”, dice Báez, quien cuenta con una capilla privada donde tiene el Santísimo.

Báez –dice La Prensa– trata de comer sano por la mañana, frutas y yogur. Sale a correr antes que los seminaristas se levanten. “No quiero que digan, ahí va monseñor corriendo”, expresa.

“Yo voy al mercado. No tengo miedo, me muevo con mucha libertad. Yo limpio. Yo cocino. Cuando fui fraile yo era el que lavaba los platos porque no me gustaba cocinar, pero aquí he tenido que aprender”, agrega Báez.

Mientras vivió fuera de Nicaragua, monseñor Báez llevó barba por casi veinte años. Vivía encerrado en las bibliotecas donde nadie lo veía. Pero ahora se afeita todos los días. “Todos los días tengo que hablar con la gente, hablar en público. Además, las canas no me gustan en la barba”, dijo al diario tras ser escogido personaje 2017 de Nicaragua

Fuentes:

Twitter

– diario La Prensa, Managua

radio Corporación, Managua

-diario El País, Madrid