Edgar Fonseca, editor

El ministro de Salud, Daniel Salas, cumple una tarea pública clave ante la pandemia china.

Mantiene un canal de comunicación constante, fluido, claro, contundente ante el país que, en muchos casos, a regañadientes, atiende sus previsiones, advertencias, instrucciones y órdenes.

El jerarca ejerce su misión de manera responsable.

Nos habla a los ticos como muchas veces no nos gusta que nos digan las cosas: directo, de frente, a la cara, con las graves dimensiones en perspectiva por esta pandemia infernal que asuela a la humanidad.

Es franco, sincero, pero no alarmista.

Se respalda en su conocimiento, en su temple y en un desconocido carisma y empatía suyos con la audiencia.

Pero, parece, en este gobierno hay quienes no terminan de entender el costosísimo precio de las infantiladas en coyunturas como estas u otras.

La conferencia diaria se ha convertido en un turno.

Y aquel urgente punto de enlace con la sociedad entera ha perdido reconocimiento en las últimas horas.

La gente se molesta, se indigna, con razón, que dicho espacio sea usado para pregonar, para hacerse propaganda y autobombo, en estas aciagas circunstancias.

El país es lo suficientemente maduro para absorber y digerir las delicadas informaciones que brindan las autoridades sanitarias.

Pero no traga y rechaza y censura, y es comprensible que lo haga, que ese espacio sea usado para ventear las bondades de una administración, cuyos logros están lejos de sopesarse.

Ojalá impere mayor sensatez en la conducción de estas conferencias y se dejen de lado esas peroratas y perifoneos gobiernistas en los que el país no cree, muchos menos en esta emergencia.

El ministro no debe dejarse arrastrar a ese show.

Punto final- Al líder sindical de los médicos ticos hay que mandarlo a Lombardía a que cumpla unas cuantas horas extras de solidaridad…

1 COMENTARIO

  1. Señor periodista, esta no es “la pandemia china” se llama covid-19 por favor deje se ser tan xenófobo y utilize el nombre científicamente correcto.

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