Edgar Fonseca, editor


¿Corre peligro la libertad de prensa y de expresión en este país?


No nos engañemos.


Quizá esta dramática coyuntura por la que se atraviesa, con la pandemia del nuevo coronavirus, exacerbe ánimos al punto que haya quienes sientan que un ejercicio ciudadano y cívico, que damos por descontado, corre peligro.


Pero no es así.


Quizá no hay otro país donde ese sagrado derecho se viva con tanta intensidad, con tanta pasión, con tanta fluidez y con tanta libertad como en este.


Las redes han venido a convertir ese libre flujo de expresiones, de posiciones, al instante, en un tsunami de opinión y de puntos de vista –con el que podemos o no estar de acuerdo–, a veces incontrolable, a veces censurable, a veces desproporcionado, muchas veces insolente, muchas veces irrespetuoso, como nunca antes lo habíamos vivido.

Es el ejercicio de la libertad de expresión en su máxima dimensión, a pesar de los abusos que se cometan en su nombre.


Palpamos ese mayúsculo flujo de libertad de pareceres desde todas las plataformas, a lo largo y ancho del territorio nacional, y más allá, calando en territorios convertidos en cárceles y tumbas de este sagrado derecho, a tan solo metros de nuestra frontera norte, por el simple delito de opinar, de disentir, del dictadorzuelo de turno.


La libertad de expresión en Costa Rica está más vibrante que nunca.


La libertad de prensa, también.

Los escándalos del “cementazo” en los recodos presidenciales, lamentablemente aún en la penumbra; los escándalos del Poder Judicial, de la pedofilia, del Servicio Exterior, de la UPAD, son claros ejemplos de una prensa muy vigorosa, vigilante, denunciante, inquisitiva, como debe ser.


Y aquellos que osen irrespetar ese ejercicio, por cualquier razón, se atienen a las consecuencias legales y a las sanciones públicas.


Asustar con que en el país hay “mordaza” a la prensa me parece aventurado, temerario, malintencionado, perverso.

Pinta a “cuento chino”.


Lo que sí amordaza, avergüenza, prostituye y pone en riesgo la libertad de expresión y de información son aquellas conductas tendenciosas, manipuladoras, alarmistas, irresponsables, en el ejercicio de este noble oficio.

Punto final-El ministro Salas sorprendió al reaccionar cortante y lacónico cuando lo inquirimos sobre la reapertura de los aeropuertos. Y adujo que lo haría luego. Pero, es correcto decir, el ministro ha sido explícito y paciente, a decir basta, al informar al país a lo largo de esta gravísima emergencia que se afronta.