Editorial diario El Tiempo, Bogotá/Ilustración M. Guillén, diario La Prensa, Managua

No hay que hacerse muchas ilusiones sobre la posibilidad de una salida sensata a la crisis que ha desatado el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua, al detener a cinco candidatos que iban a ser sus rivales en las elecciones presidenciales de noviembre, en las que busca su cuarto mandato consecutivo.

Y lo decimos porque a pesar de las presiones y sanciones internacionales, de la explosión social que se cocina a fuego lento y de las a todas luces arbitrarias decisiones que minan la legitimidad de los comicios, el viejo líder guerrillero no ha hecho más que cruzar líneas rojas, desde que en el 2018 aplastó a sangre y fuego las protestas sociales, dejando cientos de muertos y exiliados.

Ni siquiera el relativo distanciamiento de México y Argentina, aliados ideológicos y líderes de punta y punta en la región, que llamaron a consultas a sus embajadores, ha frenado a un Ortega que salió a argumentar, muy en el libreto de Nicolás Maduro en Venezuela, que solo está haciendo justicia al detener a “traidores a la patria”, “agentes de EE. UU.”.

Especial PuroPeriodismo: diario El Tiempo, Bogotá