Edgar Fonseca, editor

“Si a nosotros se nos viene una crisis como la que vivió el país en el año 1980, en las circunstancias históricas en las que estamos porque no sabemos manejar nuestra macroeconomía, yo no le garantizo a nadie que nuestros hijos van a tener democracia“.

El presidente Chaves lanzó esta lúgubre predicción en el marco de una fuerte presión suya para que los diputados aprueben a la brevedad un endeudamiento por $6.000 millones en eurobonos.

El mandatario está en todo su derecho de dar la pelea política.

¿Qué bien lo haga?

¿Cuán afortunados sean sus pasos? (En Nicoya arrancó con el pie izquierdo).

Y, ¿cuál será, finalmente, el resultado?

Todo ello está en veremos.

Ese pulso deberá decantarse en el irremplazable ejercicio institucional legislativo.

Como corresponde en democracia.

Como lo admite, en su urgencia, el gobernante.

Lo que parece exagerado, como tambien él lo reconoce, es condicionar, al trámite y aprobación coyuntural de dicho paquete de endeudamiento, la sobrevivencia de un sistema democrático modelo global.

El país superó, tras una pesadilla gubernamental, la tremenda crisis económica-financiera, de los ochenta.

Superó los remezones de los noventa.

Superó el terremoto político presidencial con que despegó el nuevo siglo.

Superó la crisis económica-financiera global de 2009.

Y superó las revueltas extremistas de 2018 contra la reforma fiscal.

El sistema institucional fue puesto a prueba en todas aquellas circunstancias y respondió sólido.

Ratificó a la democracia tica como un ejemplo.

Las amenazas contra la institucionalidad vienen hoy de otras fuentes.

Del populismo, del autoritarismo, de un corrosivo mensaje antisistema.

Un mensaje que proclama una “nueva era”, “una tierra prometida” y, cuando lo arrolla el tsunami vial (heredado), se queda sin respuesta efectiva, convincente.

Un mensaje con parche por aquí, con parche por allá; con remiendo por aquí, con remiendo por allá; con decretico por aquí y con decretico por allá.

Con cannabis, hoy, y paty mañana…

Un mensaje plagado de ocurrencias e improvisación.

De repentinos virajes: vuelven las mascarillas … satanizadas.

Un mensaje que lleva al país a tientas y que hace preguntarse, apenas a cinco meses, ¿cuál es el rumbo?

Eso sí es nocivo para un sistema democrático en tiempos tan desafiantes.

Diputados no se dejen amedrentar.

No se acobarden.

Cumplan con su responsabiludad democrática.

-Versión actualizada 14 de octubre