Yoani Sánchez, 14ymedio, La Habana-Toca verlos en las fotos que mandan por WhatsApp. Sonríen en alguna plaza con un árbol de Navidad a las espaldas. Otras veces están sentados a la mesa con platos llenos, velas encendidas, copas burbujeantes y adornos coloridos. Este fin de año, muchos de los cubanos que quedamos en la Isla experimentamos los festejos de diciembre a través de los que han emigrado. Respiramos aliviados al concluir que se han salvado del abismo.

“¿Tostones o yuca?”, le pregunta una vecina a su esposo de cara al menú para la Nochebuena. Solos, tras la emigración de sus dos hijas, intentan mantener la tradición y, a pesar de las estrecheces, celebrar el próximo domingo en familia. El problema es que ya no les quedan en Cuba parientes que invitar a la cena, nietos a los que agasajar con regalos ni planes que trazar junto a su prole, en esta tierra, para 2024. Están tan solos como la estrella que brilla en la punta del arbolito.

14ymedio, La Habana