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Cuando la patria duele…

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Mons. José Rafael Quirós

Arzobispo Metropolitano de San José

Ninguna generación es propietaria de la patria; cada generación la recibe temporalmente y tiene la responsabilidad de cuidarla y enriquecerla. Don Cleto González Víquez, al referirse a la patria hiló la solidaridad entre quienes vivimos, quienes nos precedieron y quienes todavía están por venir (cfr. González V., Cleto. “Nuestra Patria”, p. 4).

A la patria la asociamos con una bandera, un himno, un territorio, unas instituciones, una historia compartida. Todo ello forma parte de la patria, pero la patria es mucho más. La patria es memoria y pertenencia. Es la tierra que recibimos, pero también la comunidad humana que construimos.

Pero hay momentos en que la patria duele, duele cuando la violencia comienza a parecernos cotidiana, duele cuando una familia siente miedo dentro de su propia comunidad, duele cuando la corrupción erosiona la confianza, duele cuando la desigualdad deja personas al margen del camino, duele cuando el insulto sustituye al diálogo y cuando quién piensa diferente deja de ser adversario para convertirse en enemigo, duele cuando el horizonte se oscurece para el agricultor y su trabajo, duele cuando al educador no le dan las herramientas para su misión.

Una patria también puede enfermar de indiferencia o pesimismo, particularmente cuando la ciudadanía se acostumbra con lo que está mal, y terminar creyendo que nada puede hacerse.

Antes de ser elegido papa, el cardenal Jorge Mario Bergoglio utilizó en distintas ocasiones una expresión particularmente gráfica para hablar de la responsabilidad de los ciudadanos ante las crisis de sus pueblos: “hay que echarse la patria al hombro”; la imagen resulta especialmente pertinente en nuestro tiempo, cuando alguien ama verdaderamente, no abandona aquello que ama porque atraviesa dificultades. Lo acompaña, lo sostiene, lo carga. Cuando la patria está enferma no se abandona.

Echarse la patria al hombro significa comprender que los problemas de Costa Rica no pertenecen únicamente a quienes gobiernan.

Ciertamente, quienes ejercen responsabilidades públicas tienen obligaciones mayores y deberán responder por ello, pero sería demasiado cómodo imaginar que Costa Rica comienza en Casa Presidencial y termina en la Asamblea Legislativa; la patria comienza mucho antes, comienza en nuestra casa, continúa en el barrio, en los centros educativos, en el lugar de trabajo, en la parroquia, en la comunidad.

Se construye desde una democracia participativa, procurando el diálogo social y el bien común. Se construye desde los valores y principios cristianos de amor al prójimo, de paz, justicia social y la defensa de instituciones concebidas y construidas por patriotas, como la CCSS, el PANI, el IMAS y otras.

Así, la celebración de la independencia no debe reducirse a una efeméride ni a un recuerdo anclado en el pasado. Hoy más que nunca necesitamos proclamar una independencia viva, capaz de liberarnos de todo aquello que empobrece la convivencia y la dignidad humana.

Atrevámonos a soñar con un país donde cada voz sea escuchada.

🇨🇷🇨🇷🇨🇷❤️❤️❤️🇨🇷🇨🇷🇨🇷

Fuente: Facebook René Castro

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