Informa El País de Madrid: “El Tour no se puede ganar sin doparse”, dice en Le Monde Lance Armstrong, que ha ganado siete y siete ha perdido por dopaje. Por una vez humilde, el ciclista tejano habla de sistema y de cultura ciclista. Él no fue, pues, sino un hijo de un sistema venenoso en cuyo mantenimiento niega cualquier responsabilidad, una víctima de una cultura del doping arraigada en el hueso mismo del ciclismo, y, por lo tanto, inatacable sin al mismo tiempo atacar a todo el ciclismo”.

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