Informe del periodista Paul Farhi del  Washington Post de las crecientes restricciones en diferentes instancias del aparato gubernamental de EE.UU. al ejercicio del periodismo. Añade: “Las historias no siempre son tan consecuentes o tan dramáticas como un brote de tuberculosis, pero la experiencia de Stacey Singer (reportera del Palm Beach Post) es compartida por casi todos los periodistas que cubren fuentes del gobierno de la Casa Blanca para abajo. Ellos pueden recitar cuentos con contornos similares: Un portavoz de una agencia – con frecuencia un cargo político – rechaza la petición de entrevistas del reportero, ofrece respuestas parciales o que no responden o se las retrasan hasta después que la fecha límite del periodista ha pasado.

Peticiones de entrevistas que se otorgan son seguidas de cerca, los periodistas dicen, con un “niñero” de prensa sentado al lado. Algunas agencias exigen a los periodistas plantear sus preguntas por e-mail, una táctica que permite a los funcionarios cuidar sus respuestas.

Las tensiones entre los reporteros y oficiales de información pública no son nuevas, por supuesto. Los reporteros siempre han querido más información de la que los funcionarios del gobierno han estado dispuestos o son capaces de dar.

Pero los periodistas dicen que la política ha crecido más estricta bajo la administración Obama, que prometió en 2009 traer “un nivel sin precedentes de apertura” desde el gobierno federal.

Las frustraciones estallaron el pasado verano en una carta al presidente Obama firmada por 38 organizaciones que representan a periodistas y defensores de la libertad de prensa. La carta denunció “represión impulsada por motivos políticos de noticias e información acerca de las agencias federales” por los voceros. “Consideramos que estas restricciones son una forma de censura – un intento de controlar lo que se permite al público ver y oír”, escribieron los grupos.

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