“Todavía le amo, y amo el recuerdo que tengo de él. Cada día hay pequeñas cosas que me recuerdan a él”, dice la estadounidense Marita Lorenz, de 75 años, a quien la agencia a EFE identifica como la primera amante del líder de la revolución cubana Fidel Castro.

EFE entrevistó a Lorenz en Baltimore, informa el diario La Prensa de Managua. Dice que de lo único que se arrepiente es de no haberse quedado a vivir en a isla tras renunciar a asesinarlo por encargo de la CIA.

Añade la entrevista realizada de EFE: “Todavía le amo, y amo el recuerdo que tengo de él. Cada día hay pequeñas cosas que me recuerdan a él”, afirma Lorenz en una entrevista con Efe en su modesta casa de Baltimore (Maryland).

En los 75 años de Lorenz cabe más que en muchas vidas: pasó por un campo de concentración nazi en su Alemania natal, fue agente de la CIA y del FBI, novia de un exdictador venezolano, testigo de una presunta conspiración para asesinar a John F. Kennedy y del caso Watergate que hundió a Richard Nixon.

Pero la huella más importante en su vida la dejó su primer amor, el comandante cubano del que se enamoró con diecinueve años y con el que, asegura, tuvo un hijo al que no conoció hasta veintidós años después.

Su “intenso” idilio con Fidel en 1959 desembocó en lo que ella creyó ser un aborto y que la empujó confusa a EE.UU, algo que la CIA aprovechó para convencerla de viajar a La Habana con dos píldoras para asesinar a Castro a finales de 1960.

“Puse las pastillas en un tarro de crema facial, pero eran cápsulas de gel, así que no funcionó, quedó todo viscoso”, recuerda.

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