La ardua “batalla” diplomática librada por Costa Rica contra Nicaragua en la ONU, la OEA, la Corte Internacional de Justicia  y otras instancias multilaterales por la invasión de isla Calero, una porción de su territorio fronterizo en el Caribe-norte, es retratada con un detalle inusual por el periodista, autor y diplomático, Eduardo Ulibarri, en su reciente obra La ONU que yo viví.

Ulibarri fungió como embajador de Costa Rica ante la ONU durante la administración de la presidenta Laura Chinchilla, cuatrienio 2010-14. Apenas instalado en su puesto, le correspondió, con el resto del equipo diplomático costarricense, encabezar, preparar, argumentar y defender en el foro mundial, la estrategia y firme posición de denuncia y defensa de Costa Rica ante la invasión de tropas del ejército de Nicaragua consumada en octubre de 2010. El caso fue elevado por Costa Rica ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, que está por emitir su veredicto.

“Comprendí, de inmediato, que la acción de Nicaragua conduciría a la crisis de seguridad y política exterior más grave de Costa Rica desde el conflicto centroamericano en la década de 1980”, recuerda Ulibarri en su obra que acaba de presentar en San José bajo el sello editorial Aguilar.

En el libro también aborda los desafíos de transformación y modernización de la ONU, el escabroso camino hasta alcanzar la aprobación del Tratado sobre el Comercio de Armas TCA y la endeble unidad diplomática Latinoamericana, entre otros temas.

Ulibarri, quien fungió como director de La Nación, el principal diario de Costa Rica durante 21 años, (enero 1982-marzo 2003) y es reconocido como uno de los más brillantes profesionales en comunicación del hemisferio, dedica 43 páginas del libro a una minuciosa relación de hechos, análisis, interpretación y expectativas de cara al conflicto entre Costa Rica y Nicaragua.

Destaca la discrepancia que, de partida, tras desatarse el conflicto, enfrentó a la administración Chinchilla con el expresidente y Premio Nobel, Oscar Arias. Este y su excanciller Bruno Stagno propugnaban porque el caso fuese elevado de inmediato al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Chinchilla y su staff diplomático, dice Ulibarri, consideraron que ese no era el camino correcto en aquellas circunstancias. “Contrario a los planteamientos de Oscar Arias y Bruno Stagno, apostarle a una acción en el Consejo no era el mejor camino”, puntualiza.

Costa Rica, añade, basó su estrategia gradual de defensa y denuncia ante las instancias multilaterales sobre un alegato fundamental: “Nicaragua violó un principio básico del derecho internacional y del siempre precario orden mundial: el respeto a la integridad territorial de los estados”.

Para Ulibarri, la invasión propiciada por el régimen de Daniel Ortega, tuvo dos intenciones  esenciales. Una apropiarse de la pequeña porción territorial de isla Calero y, otra, quizá “clave” “para sus objetivos autoritarios”, desatar un conflicto externo para “distraer la atención interna mientras impulsaba sus ambiciones de mayor control político, enquistamiento definitivo en la Presidencia y dominio total de la débil institucionalidad nicaragüense”.

Ortega, dice Ulibarri, “ha actuado más como comandante y dirigente de una facción aferrada al poder, que como presidente de una República y representante de un Estado”.

Las gestiones diplomáticas emprendidas por la Cancillería desde San José, coordinadas con la representación en la ONU y demás representaciones, llevaron a Ulibarri  y a sus asistentes a exponer y defender la tesis tica en diferentes instancias del foro mundial en Nueva York, la Unión Europea y hasta en una cumbre del Movimiento de Países No Alineados, NOAL, en mayo del 2011, en el lejano enclave turístico de Bali, Indonesia, donde fue abortada una iniciativa de Nicaragua que buscaba respaldo en el conflicto bilateral con Costa Rica.

Detalla encuentros con los embajadores Li Baodong de China, Vitali Churkin de Rusia y Susan Rice de EE.UU.

Según Ulibarri, el representante chino Li calificó la acción de Nicaragua como una violación a la soberanía costarricense. Churkin le restó importancia “con la actitud desdeñosa y frontal que ya le conocía”. “Rice, de quien esperábamos al menos la simpatía de un país aliado como Estados Unidos, nunca traspasó una línea de distanciamiento. Se limitó a preguntar y no comprometerse. Este tipo de actitud, que inicialmente atribuí a su fría personalidad, marcaría el abordaje de Estados Unidos en los meses por venir”, revela Ulibarri.

El periodista y diplomático muestra un cauto optimismo de cara al inminente fallo final en la Corte Internacional de Justicia. “Predecir un resultado sería irresponsable”, dice. Pero, advierte que la solidez política y jurídica de la posición de Costa Rica así como las medidas provisionales determinadas por la Corte Internacional y los argumentos esgrimidos por los jueces de La Haya al fundamentarlas “dan fuertes motivos para el optimismo”.

“Costa Rica acatará el fallo, cualquiera que sea”, sentencia y “espera que Nicaragua haga lo mismo”.

“¿Será posible, una vez que el caso sea fallado en La Haya, dar un vuelco hacia la normalización plena de relaciones y una mejor vecindad entre nuestros dos países? Tengo esperanzas, pero también serias dudas”, dice Ulibarri.