Un juez verdugo de corruptos

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No le tembló el pulso para mandar a la cárcel al expresidente de Guatemala, Otto Pérez. Ni a su exvicepresidenta Roxana Baldetti. Ni a otro medio centenar de exfuncionarios de instituciones de dicho país, involucrados en un millonario fraude fiscal. También sometió a juicio por genocidio al exdictador  Efraín Ríos Montt.

Es el juez Miguel Ángel Gálvez, quien acaba de cumplir 50 años, titular del Juzgado de Mayor Riesgo B en la capital guatemalteca. Pese a los casos convulsos que tramita, intenta llevar una vida normal. Reza, lee, hace ejercicios diariamente y sobre todo, sueña con una Guatemala donde impere el estado de Derecho, dice en una amplia entrevista que concedió a la periodista Gabriela López del diario Prensa Libre.

-¿Imaginó que algún día le tocaría emitir resoluciones sobre las acciones de un expresidente y gran parte de sus ministros?

La verdad, nunca lo pensé. Desde que entré al Organismo Judicial la oralización casi no se daba en los tribunales y desde que llegué a Chiquimula busqué la oralización, y así fue como me acostumbré a fundamentar.

La esencia del proceso penal no solo es la investigación, sino es una buena fundamentación. A veces se ha criticado mucho que una resolución no solo es tardada sino que explico mucho, pero qué mejor que haya alguien que le pueda explicar a una persona sindicada por qué está siendo acusada y que ellos mismos puedan ejercer el derecho de defensa.

-¿Le sorprendió que el expresidente, ex vicepresidenta y exministros estuvieran frente a usted?

Sí, por supuesto. Ya se imagina cómo se puede sentir uno, máxime que esos cargos son para personas muy honorables.

Entonces quiera que no genera cierta situación de… —gesticula—

-¿Por qué insistir en que sus resoluciones no son por presión de nadie ni presión popular? ¿Alguien lo ha presionado?

No. El problema es que a este tipo de proceso se le ha dado mucha publicidad y eso genera en determinado momento que las personas utilicen muchos discursos en esa forma.

 

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