• El memorando del TLC , “fue un error monumental”, “una metida de pata” hasta la rodilla”, reflexiona el exvicepresidente Kevin Casas Zamora, a nueve años de aquel controversial episodio en su vida y en su carrera política
  • “Fue un momento de neurosis colectiva en este país, en el que la lengua se nos soltó a todos y nos atrajo la idea de ver todo aquello a través de un lente apocalíptico“, dice
  • “Creo que ahora estoy mucho mejor capacitado para ir a la función pública que lo que estaba hace 10 años”, asevera

 

Moravia-Han pasado ya nueve largos años de ese “trance amargo”, como él mismo lo califica, en  su vida y en su trayectoria política.

Nueve largos años, de “efecto terapéutico”, como me dice, que le han permitido, desde el exterior, madurar, reflexionar y poner en perspectiva aquel momento de su entonces promisoria carrera pública.

El exvicepresidente y consultor internacional, Kevin Casas Zamora, no rehúye entrarle al tema cuando le planteo los significados y las lecciones en su vida del capítulo del “memorando del miedo del TLC”, cuya autoría se le atribuyó, y que precipitó su caída como segundo vicepresidente de la administración Arias 2006-2010, un 22 de setiembre de 2007, a dos semanas de un referéndum clave.

“Fue un error monumental”, “una metida de pata” hasta la rodilla”, me reitera la tarde del martes 14 de febrero en que conversamos en su residencia en Moravia.

Y se arrepiente. Y lo lamenta.

Porque, en lo fundamental, dice, fue un acontecimiento que lo apartó del país por casi 10 años, tiempo en el cual él hubiese deseado contribuir desde la función pública.

Pero, pasado este tiempo, cree que hoy está más capacitado, más maduro, para asumir tareas públicas.

“Cuando yo llegué a la vicepresidencia, estaba intelectual y académicamente, razonablemente bien preparado para el puesto, pero, desde el punto de vista emocional, y desde el punto de vista político, estaba terriblemente mal preparado para lo que me esperaba”, me dice y agrega: “Ahora no. Por un lado, pasé por esa experiencia que fue muy fuerte y he hecho un esfuerzo por reflexionar y extraer las lecciones que me dejó, pero, además, tengo 10 años más, y “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Entonces, sí, creo que ahora estoy mucho mejor capacitado para ir a la función pública que lo que estaba hace 10 años”.

-¿Crees que las puertas políticas están cerradas para vos en el país?

-No sé, no sé. En política, como alguna vez me dijo un amigo argentino, en política no hay muertos, hay desmayados. Eso es difícil decirlo. No lo sé porque tampoco lo he intentado”.

Casas compartió sus reflexiones mientras se recupera de una delicada cirugía que lo mantuvo hospitalizado tres semanas en Washington D.C., al final de diciembre de 2016, y recién concluido su periodo de un año y cuatro meses como director del Peter D. Bell Rule of Law Program, en Diálogo Interamericano.

Una amplia sala repleta de cajas sin desempacar, con fotos de sus hijos, con libros, y copias de diarios y revistas, nos sirve de telón de fondo a la conversación en el regreso al país de este abogado y politólogo, de 48 años, doctorado en Oxford en Ciencias Políticas y con una maestría de Essex en política latinoamericana.

Su preocupación por los desafíos y los riesgos de la democracia liberal en el mundo, asediada por experiencias populistas, como la de Trump en EE.UU. o el “Brexit” en Inglaterra, sirvió de marco para que expusiera, también, su percepción del momento de la democracia costarricense. Y para que abordara probables escenarios en los comicios venideros.

 

—————————————————————————————————————————Ver: KEVIN CASAS VATICINA SEGUNDA VUELTA

Kevin Casas 1

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PAGUE UN PRECIO PROHIBITIVO

-Dentro del análisis y reflexión que vos planteas en el ámbito político, formulabas que hay un tremendo costo de choque entre verdad, razón, entre demagogia y populismo y te referías a los “ritos sacrificiales”, casi con ámbito de gladiadores, que en algunos escenarios, se definen las realidades de la vida pública, de la vida política. En tu experiencia política, participaste, fuiste protagonista de la gran controversia del paso del TLC en el país. ¿Crees que fuiste un protagonista, en ese entorno que planteas, en ese ámbito casi de sacrificio ritual?

-Sí, tengo que contestarte que sí. Porque, dejemos para otra ocasión la discusión de cuán justificado fue todo lo que pasó. Creo que lo que pasó en mi caso, fue muy hijo de su circunstancia, pero dejemos eso a un lado. Lo que te puedo decir, que tiene que ver directamente con tu pregunta es que yo pagué un precio prohibitivo, desde el punto de vista personal y familiar.

-¿Por qué pagaste ese precio?

-Renunciar a una vicepresidencia, en las condiciones en que yo lo hice, fue un trance muy amargo. Yo renuncié a la vicepresidencia, me fui del gobierno, me fui de la política y me fui del país y no es sino hasta ahora que regreso. Creo que hice bien yéndome del país. Tuvo un efecto terapéutico enorme en todo sentido. Fueron años muy buenos. Fue lo mejor que pude haber hecho. Yo pagué un precio personal prohibitivo y  el mío no es el único caso. Hay una letanía de casos que te podría dar de gente que entraron en la política por las razones correctas, hicieron un sacrificio personal, considerable, y salieron mal parados. Ojo, en mi caso te voy a decir una cosa, a mí me descuartizaron políticamente, pero el caso mío no tuvo una dimensión jurídica. En todo ese enredo de mi renuncia, no pagué un cinco de abogados, nunca, porque lo mío nunca tuvo una dimensión jurídica. En los años posteriores, ya no es solo que a la gente la hacían renunciar, sino que además le echaban al Ministerio Público encima y los trababan de meter a la cárcel, y hay un montón de casos de esos. El otro día, para no echarla al agua, no voy a decir el nombre, pero hace poquito estando yo en Washington, iba en el Metro y me topé con una excolega de gabinete, que ahora está viviendo en Washington, buena amiga, y, hablando con ella, fue ministra, me decía que todavía a estas horas, ella salió del gobierno, que renunció, por otro de estos enredos, debe haber renunciado en el 2009, estas son las horas en que todavía está pagando abogados. Entonces, ¿a qué estoy apuntando?, a que el costo personal que estamos demandando de la gente que va a la función pública, en este momento, es demasiado alto.

FUE UNA “METIDA DE PATA”

-¿Lecciones principales que extrajiste de esa experiencia en esa controversia?

-Muchas. Te diría tres. Primero: creo que uno adquiere conciencia de la propia falibilidad, que uno está expuesto a “meter la pata” con una gran facilidad. Para mí fue una lección de humildad muy importante. “Metí la pata” hasta la rodilla y pagué un precio muy alto por ello. Esa cura de humildad, a lo largo de los años resulta invaluable. Segunda cosa, creo que uno adquiere cierta sobriedad a la hora de analizar los eventos y las coyunturas políticas. El TLC fue un momento de neurosis colectiva en este país, en el que la lengua se nos soltó a todos y nos atrajo la idea de ver todo aquello a través de un lente apocalíptico, de un lado y, de otro, y, la verdad, no pasó nada, no pasó mayor cosa. Entonces, cada vez que alguien nos diga que, si no se aprueba tal proyecto de ley, vamos a presenciar el fin del país como lo conocemos, levantemos la ceja. Creo que hay que adquirir una cierta sobriedad en el análisis de los hechos y de las coyunturas políticas. Y la tercera lección que es muy importante y que de alguna manera la viví en carne propia, vieras que uno aprende la importancia del valor de la compasión, que, en general, es una virtud poco valorada. El valor de ponerse en los zapatos del otro, de entender que uno como los demás que estamos en política, estamos expuestos a cometer errores, y hay que estar dispuesto a perdonarlos, muchas veces.

YA NO ESCRIBIRIA EL MEMORANDO

-¿Sientes que incurriste en un error?

-Sí, sin duda. Si fuera a escribir el dichoso memorándum, este que generó mi renuncia, evidentemente no lo escribiría, o lo escribiría muy diferente. Por supuesto que fue una “metida de pata”, fue una “metida de pata” de todo tipo, pero la “metida de pata” no es tanto el documento, es un poco el estado de ánimo que lo generó, la idea esta de que aprobar o rechazar el TLC, para quien estaba del otro lado era un asunto de vida o muerte. Por supuesto que no era un asunto de vida o muerte. Me parece que ahí hubo un error. Hubo un error de fondo enorme de parte mía y de parte de muchísima otra gente, que nos dejamos llevar por este clima de exaltación, por algo que, francamente, no lo justificaba.

-¿Te arrepientes de algo?

-Sí claro. Yo hubiera querido seguir en el gobierno. Hubiera querido no “jalarme la torta” que me jalé y haber seguido en el gobierno. Ojo, te decía que estos años que estuve con mi familia en Washington fueron años muy buenos y lo fueron, pero fueron casi 10 años que yo hubiera querido darle al país, y no fue así.

COMETI UN ERROR Y ASUMI LA RESPONSABILIDAD

-¿Lamentas algo?

-Sí, claro. Ojo, de nuevo, por responsabilidad mía, yo no estoy endilgándole a nadie, no quiero en absoluto que quede la idea de que estoy jugando el papel de víctima. Yo no fui víctima de nada. Yo cometí un error y asumí la responsabilidad y punto. Pero el hecho es que ese error tuvo como consecuencia que lo que yo hubiera querido hacer, lo que era mi proyecto de vida en aquel momento primordial, que era ir a la función pública, a contribuir con el país, desde la función pública, no fue posible y eso lo lamento. No sé si el país lo lamentará o no, no soy yo quien pueda decirlo, pero para mí sí fue una pérdida.

-¿Crees que las puertas políticas están cerradas para vos en el país?

-No sé, no sé. En política, como alguna vez me dijo un amigo argentino, en política no hay muertos, hay desmayados. Eso es difícil decirlo. No lo sé porque tampoco lo he intentado.

-Si volvieras a estar en un escenario como ese, ¿actuarías muy diferente?

Sí, por supuesto, porque, además, la experiencia fue muy fuerte y dejó muchas lecciones.

-¿Personales?

Sí, sí, espero. Sería el colmo que no, que con 10 años de más no hubiera aprendido un montón de cosas. Creo que soy una persona en muchos sentidos más apta para estar en una posición de responsabilidad ahora, que lo que era hace 10 años. Creo que en algún documento lo puse por escrito, haciendo la reflexión de todo lo que pasó. Creo que cuando yo llegué a la vicepresidencia, estaba intelectual y académicamente, razonablemente bien preparado para el puesto, pero, desde el punto de vista emocional, y desde el punto de vista político, estaba terriblemente mal preparado para lo que me esperaba. Ahora no. Por un lado, pasé por esa experiencia que fue muy fuerte y he hecho un esfuerzo por reflexionar y extraer las lecciones que me dejó, pero, además, tengo 10 años más, y “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Entonces sí, creo que ahora estoy mucho mejor capacitado para ir a la función pública que lo que estaba hace 10 años. Otra cosa es que lo vaya a hacer o vaya a tener la oportunidad siquiera de plantearme un proyecto de esos, pero sí ha habido, y espero que así sea, crecimiento personal.

-De lo que acabas de plantear, te capto que no fue la más juiciosa actuación desde el punto de vista político.

-No, pues obviamente no, fue un error monumental, sin duda”.

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Como un espectáculo de gladiadores…

 “Lo que estamos viendo muestra que, como lo advirtió el politólogo Josep Colomer en un artículo luminoso sobre España, en las últimas décadas ha habido un proceso de selección negativa de quienes van a la política.

Por un lado, esta ha dejado de ser un deporte de contacto para convertirse en algo más cercano a un rito sacrificial, una especie de espectáculo de gladiadores, en el que la posibilidad de sobrevivir indemne es cercana a cero.

En todas partes son muy pocos los que están dispuestos hoy a pasar por la ordalía que implican la competencia política y la función pública. Por otro lado, la globalización y la apertura económica han multiplicado las opciones profesionales de las personas talentosas y preparadas”.

Kevin Casas Zamora, El atardecer de la democracia, diario La Nación, San José, 7 de noviembre 2016

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