La diputada Sandra Piszk, quien lidera una tenaz batalla contra los pluses en el sector público, denuncia que el parlamento de Costa Rica está “secuestrado” por minorías que imponen su agenda.

“El nuestro es un Parlamento de minorías que han logrado no sólo manejar el debate parlamentario y la toma de decisiones sino que, como lo he dicho en otras oportunidades, secuestrarlo a base de artimañas reglamentarias capaces de detener cualquier intento de aprobación de un proyecto”,  dice Piszk en un post en su cuenta Facebook.

Añade: “Hace tres años, un 5 de febrero de 2014 recién pasadas las elecciónes escribí en estas mismas páginas, que quienes habíamos sido favorecidos con el voto popular para ocupar una curul teníamos el compromiso de devolverle credibilidad a la Asamblea Legislativa y legislar con la sabiduría y la valentía que se requiere para enfrentar los grandes desafíos que enfrenta el país. Nadie tiene el monopolio de la verdad y en este mundo de confusión ideológica, pareciera cada vez más importante rescatar aquello de que la democracia es el gobierno de las mayorías con respeto a las minorías. ¿Pero es ello así en nuestra Asamblea Legislativa? Definitivamente no”.

Las minorías se imponen

“El nuestro –dice Piszk– es un Parlamento de minorías que han logrado no sólo manejar el debate parlamentario y la toma de decisiones sino que, como lo he dicho en otras oportunidades, secuestrarlo a base de artimañas reglamentarias capaces de detener cualquier intento de aprobación de un proyecto”.

“La presentación de lo que se conoce como mociones de carretillo que se presentan de cien en cien y que nos obligan a prolongar las discusiones eternamente sigue entrabando la toma de decisiones vitales para el país. Un reglamento obsoleto que le permite a cada diputado defender sus mociones, hasta por media hora, se ha convertido en el mecanismo ideal para bloquear todo aquello en lo que no se está de acuerdo y los partidos minoritarios hacen un uso ilimitado de este recurso. Valga señalar unos pocos ejemplos como Fertilización in Vitro, Formación Dual y más recientemente Empleo Público”, sostiene.

“Así mientras no exista una norma que obligue a los diputados a poner fecha límite para pronunciarse a favor o en contra de un proyecto, la situación no podrá ser resuelta. Este problema se agrava por el permanente temor a tomar decisiones que por ser dolorosas o impopulares, se posponen por años o se dejan en manos de sectores interesados que, logran imponer la decisión de no tomar decisiones”, dice.
“Ninguna democracia y mucho menos la nuestra está ajena al peligroso fenómeno de líderes populistas que precisamente logran su ascenso al amparo del descontento de la población. Lo que esta sucediendo en Nicaragua o Venezuela, el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos o el ascenso de la ultraderecha en Europa no son producto de la casualidad. Estamos advertidos”, concluye Piszk.