José Luis Valverde Morales, periodista *

Mucho se ha dicho del famoso muro que el presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump, se ha propuesto continuar (lo había iniciado George W. Bush) para separar el territorio estadounidense del suelo de México. Pocos nos preguntamos con respecto a las barreras que hemos levantado y nos separan del habitante de al lado, del compañero, del vecino, del pariente, de esos de quienes por distintos motivos nos hemos aislado, en un mundo que privilegia el yo antes que el nosotros.
De repente nos llenamos de muros, tapias, barandas, de filosas alambradas, hilos metálicos electrificados, rejas. Hay muchos que ignoran quien vive al lado, detrás, al frente. Desoyen la máxima de los viejos quienes decían: “¿Dime quién es tu hermano?, el vecino más cercano”.
No se trata de inmiscuirnos en el mundo de los otros. Hay un espacio vital que no puede franquearse sin permiso.
Hoy precisamente están asfaltando la calle frente a mi casa en El Chiverral, en San Antonio de Escazú. La primera vez que llegó el pavimento hace más de dos décadas los vecinos nos organizamos, mediante la proyección de películas, ventas de cachivaches, tamaleadas e innumerables reuniones y lo logramos.
Fue ahí cuando conocí a Bruno Stagno y a Jimena Ugarte, al profesor Renato Zuñiga y a su esposa doña Margarita, a Eliécer Cerdas e Israel Angulo, Antonio Trejos y doña Florita, Rubén y Ligia Lores, Mario Menéses y María Eugenia Núñez, a su tío don Carlos y doña Rosa, Arnulfo Valverde y María Alvarado, Edwin Rees y doña Carmen Romero, María Luisa Bermúdez, quien tantas sonrisas nos sacó con su picardía y a otros más que colaboraron con sudor o dinero.
El periódico La Nación dedicó un hermoso reportaje para ejemplificar la gesta de esos vecinos que no esperaron todo de papá gobierno. Muchos de esos amigos fraguados en la lucha comunal ya no están con nosotros (al menos físicamente). Los otros cuando nos vemos, allá muy de vez en cuando, nos saludamos con profundo cariño y respeto.
¿Cuántos muros hemos erigido hoy? ¡Qué fácil ponemos el dedo acusador contra un gobernante que, dentro de la autodeterminación de su pueblo tomó la decisión de levantar barreras antes que tender puentes!

Tres dedos apuntan contra nosotros, y esto, también, es bueno saberlo.

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