¡El mejor café del muuuuundo!

Fátima, Portugal-En el marco del centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima y de la solemne canonización de dos pastorcitos, su Santidad el Papa Francisco llenó de elogio, otra vez, al café de Costa Rica.

“El mejor café del muuuuundo”, respondió el Sumo Pontífice firme, claro, contundente, con un largo acento en la “u” de mundo, con su mano derecha alzada y su vista en dirección a  una cámara de video de un enviado de radio Fides a la ceremonia.

Cuando el enviado le dice al Papa “Costa Rica, Costa Rica”, el Papa responde con su frase sobre el reconocimiento mundial al café costarricense.

“Costa Rica, radio Fides, Pura vida”, dice finalmente el enviado de la emisora mientras el Papa entra al templo rodeado de sus asistentes.

La imagen llevaba hasta esta noche de sábado 97 mil reproducciones.

Ver video radio Fides Papa alaba café tico como el mejor del mundo

Es la segunda ocasión, en menos de tres meses, en que Francisco le pone nota 100 al café tico. Lo hizo el 13 de febrero en la visita de los obispos costarricenses a Roma.

“Como “el mejor café del mundo” catalogó el papa Francisco al grano que produce Costa Rica. La declaración se dio en medio del encuentro que el pontífice mantuvo este lunes con los obispos del país centroamericano: el café fue uno de los regalos que se le entregaron en esta reunión, como lo informó la Conferencia Episcopal de Costa Rica en su perfil de Facebook. Sin embargo, ese no fue el único tema a tratar.

El encuentro, que se conoce como visita ad limina, tenía como objetivo informar al papa y al Vaticano sobre la situación de las diócesis en Costa Rica, explicó en su publicación la agencia ACIPrensa. Esta es una visita que los prelados de todos los países deben hacer. Durante la reunión el papa Francisco insistió sobre la necesidad de que los sacerdotes “transmitan el rostro misericordioso de Dios”, con el sacramento de la reconciliación. Además, saludó y bendijo a todo el pueblo costarricense”, reseñó en aquel momento CNN en español

Tenemos una madre, dijo en Fátima

En el día del centenario de la primera de las apariciones de María en Fátima, dos de los tres pastorcitos fueron canonizados: Santa Jacinta y san Francisco Marto. destaca la agencia Zenit del Vaticano.

Tras declararlos santos, en medio del júbilo generalizado y los aplausos, el papa Francisco presidió la misa ante varios cientos de miles de peregrinos reunidos en la explanada delante del santuario mariano.

En la homilía –cita Zenit– el papa Francisco recordó algunos hechos de las apariciones, reiteró con fuerza que “¡Tenemos Madre!”, que “Fátima es un manto del luz que nos cubre”, e invitó a que “con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor”.

Queridos Peregrinos, tenemos una Madre

Con esta esperanza, nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables bendiciones que el Cielo ha derramado en estos cien años, y que han transcurrido bajo el manto de Luz que la Virgen, desde este Portugal rico en esperanza, ha extendido hasta los cuatro ángulos de la tierra.

Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a «Jesús oculto» en el Sagrario.

En sus Memorias (III, n.6), sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: «¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?» Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas.

Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda.

En efecto, él nos ha creado como una esperanza para los demás, una esperanza real y realizable en el estado de vida de cada uno. Al «pedir» y «exigir» de cada uno de nosotros el cumplimiento de los compromisos del propio estado (Carta de sor Lucía, 28 de febrero de 1943), el cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía.

No queremos ser una esperanza abortada. La vida sólo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24): lo ha dicho y lo ha hecho el Señor, que siempre nos precede.

Cuando pasamos por alguna cruz, él ya ha pasado antes. De este modo, no subimos a la cruz para encontrar a Jesús, sino que ha sido él el que se ha humillado y ha bajado hasta la cruz para encontrarnos a nosotros y, en nosotros, vencer las tinieblas del mal y llevarnos a la luz.

Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor”.