Edgar Fonseca, editor PuroPeriodismo.com

En esa oscura, fría y lluviosa noche del jueves 8 de junio, la escena queda grabada en la mojada gramilla del Nacional y en nuestras retinas.

A un estadio enfervorizado salta, finalmente, Keylor Navas, el grande, nuestro astro europeo.

¡Y el estadio estalla en ovación!

Salta a calentar, como uno más de los seleccionados, en los minutos previos al choque eliminatorio hacia Rusia 2018.

Todos clavamos los ojos hacia donde se mueve. ¿Qué hace, cómo entrena, cómo se ejercita?

Todos los seguimos y lo siguen los miles de gentes aquí y afuera por la televisión o Internet, como lo seguimos la tarde del mítico bicampeonato del Real Madrid de la Champions League, aún caliente en los ánimos.

Salta, corre, suda levemente, su mirada no se pierde, se concentra. Su semblante, aceitunado, parece no inmutarse. Su corazón, su mente lo saben.

Y, a su lado, otra, ahora “vieja gloria”, Gabelo, el pionero de los legionarios, tras su glamoroso mundial de Italia 90.

Pupilo y discípulo, dos generaciones más tarde uno absorbe del otro, uno aprende del otro. Uno vivió su gloria. La esculpió en aquel milagroso y ardiente verano italiano del 90.

El otro, con mirada de cervatillo, la vive hoy. Única.

Algo se hablan. Ay, ¡cuánto hubiese deseado haber grabado ese intercambio! ¿Qué se decían, qué pensaban? Alguien debería labrar en ese magnífico capítulo de nuestra historia deportiva.

Con Keylor hay un antes y un después de esa historia.

De esa historia que guarda en letras de oro los nombres de Alejandro Morera, Ricardo Saprissa, Rafael Ángel Pérez, María del Milagro París, las hermanas, Silvia y Claudia Poll, o de los legionarios de Italia 90.

Como está escrito en letras de oro el nombre Franklin Chang quien, precoz joven, se fue en los años setenta con $50 en sus bolsillos, a explorar el sueño americano, y luego surcaría el espacio en sus poderosos transbordadores. Todos despegábamos con él. Todos surcábamos el espacio con él.

En otra “galaxia”, Keylor surca hoy los majestuosos escenarios de la Champions League, como en Cardiff, Gales, o en los legendarios campos ibéricos.

Por eso lo ovacionamos.

Es la imagen a reflejar a nuestros hijos, a nuestros nietos, que sí, que las grandes metas, las grandes aventuras, las más grandes realizaciones del ser humano, son posible, sin olvidar las raíces. “Sé de donde vengo”, dice el astro mientras se limpia el brillo de las cumbres que hoy atraviesa.

Ninguna, escuela, ningún colegio, ninguna universidad debería pasar por alto el momento de gloria suyo.

En este país, bendito, pero asediado por tanto antivalor, dejemos que nuestros muchachos se recreen en figuras como él, que se reflejen, que se sientan aguijoneados a surcar esos espacios de infinitas posibilidades que les brinda este venturoso mundo globalizado de hoy.

¡Que se multiplique en nuestros niños y jóvenes la aspiración a los Real Madrid de la excelencia en su formación, en su educación, en su desarrollo, como lo prueba Keylor!

La Fedefútbol, el gobierno y el sector privado tienen el reto mayor de estos tiempos de impulsar una figura como la suya que amortigüe, que combata tanto descreimiento en los mejores valores de nuestra sociedad.

Cae el telón del agridulce empate ante los canaleros. ¡Caímos en la trampa que nos tendieron!

La noche es aun más noche. Keylor, el grande, se funde en abrazos con unos y otros. Un contrincante le caza el botín mayor, su camiseta. No titubea.

Sus pies, sus botines, majan la mojada y embarrialada gramilla del Nacional en la Sabana, gramilla de tantas gestas y de tantos sufrimientos.

Pero su mirada no se pierde, ni se pierde la mirada del país sobre él.

Keylor es el símbolo de nuestros días.

Punto final-En Nicaragua, el dictadorzuelo se abraza y es aclamado por centenares de empresarios locales, regionales y estadounidenses, en una cumbre continental empresarial. Los endulza con sus cantos de sirena mientras estrangula a fuego lento el aparato institucional, cuenta el sitio Confidencial.com de Managua. ¿Y en Costa Rica? El gobierno tensa sus nexos con el sector productivo más importante del país. Cosas veredes…