José Luis Valverde Morales, periodista *

Con ropa regalada por mi vecino y hermano Joaquín Salazar Iglesias, un día como hoy, hace cuarenta años me apersoné por primera vez a laborar en la Caja Costarricense de Seguro Social. Cuatro décadas que le dieron un giro a la vida del joven que hasta entonces se ocupaba de cuidarle la casa a sus vecinos, alternado la honrosa ocupación de “guachimán” y los libros.
La gratitud imperecedera a mi amigo Alfonso Estevanovich González, para entonces Presidente de la Asociación de Estudiantes de Periodismo de la Universidad de Costa Rica y subjefe del departamento de Relaciones Públicas de la CCSS, quien confió en mí, y así de un solo golpe pasé de cogedor de café de temporada, a funcionario por servicios profesionales de esta emblemática institución.

Las vivencias, los personajes se agolpan en la mente, eternamente agradecido con Jorge Walter Bolaños Rojas, quien de niño iba descalzo a la escuela, galardonado “Ecolasta Distinguido” por el INCAE, un título reservado para unos pocos, quien de gerente de la institución no lo pensó dos veces y llamó a su secretaria para pedirle dos acciones de personal, una para la colega Damaris Marín Camacho y otra para mí, nadie hasta entonces nos había resuelto la situación laboral.
Bajo los pies del Santísimo Sacramento, a quien me gusta visitar en la Catedral Metropolitana, bendigo a Dios por haberme elegido servidor del Seguro Social. Ya, en el ocaso de mi carrera tiendo la mirada, y de aquel flaco que en una de las primeras giras llevó a un grupo de visitantes extranjeros hasta el volcán Irazú, queda poco. Lejos estaba de imaginar lo que para mí tenía reservado la vida.
A quienes ya no están y recorrieron conmigo un trayecto del camino, mi oración elevada a Dios. A todos mis compañeros sin distinción de oficio, cargo o profesión, decirles que guardo su palabra, consejo, reprimenda, abrazo. Esa ha sido la fragua de este ser imperfecto que hoy los evoca y los quiere.

  • Director Comunicación Institucional CCSS