Edgar Fonseca, editor PuroPeriodismo.com

El presidente Luis Guillermo Solís, enfrentado al mayor escándalo político y de transparencia de su gestión, no fue convincente en la comparecencia de la noche del lunes ante diputados de la comisión legislativa investigadora del escándalo denominado “el cementazo”, dicen observadores independientes.

“Poco convincente”, enfatizó el analista y exdiplomático, Eduardo Ulibarri.

“Fue laxo, débil”, sostuvo el también analista Claudio Alpízar Otoya.

“Del Presidente no me parecieron convincentes sus argumentos, pero me pareció que frente al flojo interrogatorio salió airoso”, afirmó Vladimir de la Cruz.

“Las respuestas del presidente fueron flojas, evasivas”, enfatizó.

Dichos observadores ven con recelo el alegado distanciamiento del presidente Solís del diputado Víctor Morales Zapata a quien le pidió la renuncia a su curul. “Es una estrategia planificada”, advirtió Alpízar. “Pura palabrería”, dijo de la Cruz.

También, dichos analistas estiman que con la comparecencia del presidente Solís el caso está lejos de amainar. Hay temas sin esclarecer, el escándalo seguirá, lo avivará la campaña y los partidos en contra del PAC, vaticinaron los consultados. “El caso sigue vivo y sangrando”, advirtió de la Cruz.

¿Por qué no convenció?

Solís compareció bajo juramento, en una escena inédita en 13 años, para responder interrogantes sobre el escándalo que ha sacudido al gobierno y a cercanos personeros suyos.

El mandatario confirmó que el empresario Juan Carlos Bolaños, importador de cemento chino, en el centro de la controversia, tuvo siete encuentros en Casa Presidencial en gestiones relacionadas con su actividad comercial. Según Solís, sus gestiones fueron infructuosas.

El gobernante anunció que pedía al diputado Víctor Morales Zapata, uno de sus principales operadores políticos, retirarse de la curul dado los cuestionamientos en su contra en medio del escándalo. El legislador se negó a ceder la curul.

Solís enmarcó el escándalo de las últimas semanas, dentro de la intervención del Ejecutivo para romper el duopolio de la industria del cemento.

También insistió estar al tanto de acciones articuladas para desprestigiarlo a él y su administración según le han hecho saber personas a las que evitó identificar. Hace una semana, en una gira en Pococí acusó a políticos, empresarios y medios de orquestar una campaña en su contra.

Poco convincente

El analista Eduardo Ulibarri calificó de “poco convincente” la presentación del presidente Solís.

-¿Le pareció convincente en sus argumentos?

-Poco convincente. El gran problema es que el Presidente aborda las actuaciones de personas clave e instituciones de su gobierno como si fueran algo ajeno a las responsabilidades que emanan de su cargo. Esta es una concepción errada, que conduce a a menudo a una actitud de agente externo (“outsider”) y a eludir responsabilidades, lo cual considero inconveniente. Pienso que un presidente tiene una responsabilidad política amplia y, sobre todo, ha de ser muy cuidadoso respecto a las actuaciones de las personas más cercanas. A partir de esta concepción, sus explicaciones fueron insuficientes.

-La decisión de distanciarse del diputado Morales, ¿cómo la califica?

-Más que distanciarse de él, le ha pedido que renuncie a su curul. Este pedido es conveniente, pero tardío: viene después del de la asamblea y la fracción del PAC. Además, esto no despeja las inquietudes respecto a las actuaciones de Morales Zapata en el seno de la Presidencia, con reuniones en ella.

-Tras la comparecencia, ¿el escándalo es capítulo cerrado para el presidente y el gobierno?

-No creo. Falta saber exactamente qué pasó en el seno de la directiva del BCR; además, es un hecho que las condiciones para otorgarle el préstamo al empresario fueron, por decir lo menos, muy poco rigurosas e inusuales. En esto la responsabilidad del Consejo de Gobierno, como “asamblea de accionistas” del BCR es indudable, no porque pueda haber evitado tal decisión, sino porque quienes la tomaron son de nombramiento gubernamental (cinco de la actual administración y dos de la precedente) y porque no parece haberse producido, hasta ahora, ninguna exigencia clara de rendimiento de cuentas a la directiva.

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Un Presidente “laxo, débil”

Para el politólogo y analista Claudio Alpízar Otoya, el presidente Solís tampoco convenció ante los diputados.  “Fue laxo, fue débil” dijo Alpízar, director del programa Noche Sin Tregua, a consultas de Edgar Fonseca, editor de PuroPeriodismo.com.

¿Le pareció convincente en sus argumentos?

-Me parece que no. El presidente fue laxo, fue débil, está encerrado en dos argumentos principalmente, uno que en su gobierno no hay corrupción, lo cual no tiene ningún sustento, y el otro elemento que él llama como referencia es el hecho de lo que sucedió en el “cementazo” fue para abrir el duopolio. Sin embargo, es muy poco consecuente esta respuesta puesto que él tiene otros monopolios que pudo haber abierto, también interesado en esa apertura, que también llama la atención en el partido Acción Ciudadana. En este caso, es un duopolio que le preocupó, y por otro lado también no hay la menor duda de que no tiene los argumentos sólidos para defender a quienes están cercanos a él.

-La decisión de distanciarse del diputado Morales ¿cómo la califica?

-Es una estrategia planificada. Ya el diputado Morales había mostrado algún distanciamiento con el Presidente y dispuesto a aceptar que le cayera todo el peso en el plano político a él, su respuesta, a la solicitud del Presidente que renunciara, estaba más que redactada desde tempranas horas seguramente porque sale muy rápidamente. No significa mayor cosa puesto que recordemos que, en la elección del 2014 el Presidente se la había pedido, no la presentó porque ya era a destiempo igual que en esta ocasión, y paralelamente terminan después en una muy buena relación. Morales seguirá siendo un hombre de confianza pero un poco escondido del Presidente de la República.

¿El escándalo es un capítulo cerrado para el Presidente del Gobierno?

-No. Creo que los medios de comunicación se van a encargar de que aparezca o sea permanente por un lado por el interés de investigar qué pasó alrededor de esto. La comisión investigadora todavía tiene mucho trabajo que hacer. Tal vez llegó a la cúspide en cuanto a figuras con el Presidente, pero siguen todavía muchos temas que se tienen que discutir en esa comisión. También la campaña electoral no va permitir que un tema de corrupción en un partido que levantó como parte de su inauguración, de su formación la bandera de la ética y la moral, que ya hoy no puede ondear el partido Acción Ciudadana. Los partidos opositores no van a permitir que el caso disminuya, aunque también hay que tener claro que esto es un caso multipartidista en relación al tráfico de influencias. Hay muchos otros actores de otros partidos que van a estar interesados de que también el tema no se desarrolle en la plenitud y que le caiga todo el peso al partido Acción Ciudadana.

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Las respuestas de Solís fueron flojas, evasivas, dice Vladimir

 

Un flojo interrogatorio dejó salir airoso al presidente Solís, dice el analista e ideólogo de izquierda, Vladimir de la Cruz.

 

-De la comparecencia del Presidente, ¿le parecieron convincentes sus argumentos?

-Me parece que la comparecencia fue floja por parte de los diputados en su interrogatorio. Excepto Otón Solís el resto de los diputados parecía que no habían preparado adecuadamente sus preguntas, no tenían precisas esas preguntas. Perdieron tiempo del que tenían asignado por fracción divagando sobre temas generales, sobre el motivo de la comparecencia, que obviamente sobraba decirlo, para concentrarse en las preguntas que debían hacer. Algunos diputados en su participación fueron lamentables. El mismo Presidente de la Comisión al terminar la sesión se lamentó que él mismo no había podido hacer 10 preguntas. Y no las hizo porque no se concentró en preguntar.

Flojo, evasivo, poco contundente

Si las preguntas fueron flojas, poco directas, poco inquisidoras, las respuestas del Presidente fueron igualmente flojas, evasivas, poco contundentes sobre los temas de fondo que se esperaba que se debatieran con el Presidente.

La primera intervención del Presidente, para la que pidió tiempo de exposición hasta 30 minutos, antes de que empezaran los posibles interrogatorios, que fueron más habladurías de los diputados, fue una respuesta preparada  de antemano a temas que sabía que le iban a abordar, y que tampoco se los profundizaron. ¿Sabía preguntas o temas que le iban a preguntar? ¿Lo trataron con guantes de seda previamente pactado?

Esa solicitud de tiempo del Presidente fue una muestra de que la comparecencia tenía plazo, tiempo de duración, que de alguna manera no era seria en su trabajo. El corto plazo de duración de la comparecencia evidenciaba a priori que no iban a tratar asuntos de fondo, con el debido tiempo. Parecía en ese sentido una reunión cosméticamente arreglada, pactada. Aquí se trataba de que no tuviera tiempo, más que el razonable para que el interrogatorio hubiera sido más preciso y el Presidente hubiera tenido más tiempo de exposición. Y, sobretodo, que los diputados hubieran sido precisos en sus preguntas, sin tanta introducción a las mismas. Había diputados que daban la sensación que tenían miedo de preguntar, y otros que no habían llegado preparados para ese interrogatorio. El diputado del Movimiento Libertario y el de Renovación Costarricense fueron vergonzosos, flojos, sin dominio del tema que debían interrogar. Otros diputados hicieron preguntas tratando de hilar una relación fina de amistad del Presidente con personajes que no lograron amarrar en nada concreto.

Un flojo interrogatorio

Del Presidente no me parecieron convincentes sus argumentos, pero me pareció que frente al flojo interrogatorio salió airoso.

Cuando el Presidente manifestó que los nombramientos de los miembros de la Junta Directiva del Banco de Costa Rica no los había hecho él, sino que los había hecho el Consejo de Gobierno, les faltó visión y valor, a los diputados, para confrontarlo haciéndole ver que el Consejo de Gobierno es una de las cuatro formas en la que se manifiesta el Poder Ejecutivo, que se integra con el Presidente y todos sus ministros. Y, en este sentido, el Consejo de Gobierno  lo preside el propio Presidente de la República, y probablemente él sea el que proponga los nombres de los miembros de la Junta Directiva. Y, además, cuando se hacen esas propuestas se justifican con un curriculum vitae de los postulados, con algunos datos de su hoja de vida, con un informe que también prepara la DIS de la semblanza  de los postulados, que es de conocimiento del Presidente y probablemente de todos los miembros del Consejo de Gobierno. Tampoco se le preguntó si esos miembros habían sido nombrados por unanimidad de votos en el Consejo de Gobierno o si hubo ministros que objetaran a algunos de esos miembros de la Junta Directiva.

Tampoco se le cuestionó al Presidente de que así como él le había pedido al diputado Morales Zapata que dejara el puesto de diputado, por qué no hacía lo mismo con los miembros cuestionados de la Junta Directiva del Banco de Costa Rica, y que si el Consejo de Gobierno nombra en puestos, también el Consejo de Gobierno destituye. Ahí sigue habiendo una complacencia en lo actuado por esos miembros de esa Junta del Banco de Costa Rica, por parte del Presidente, en que en este sentido no fue nada enérgico.  A lo más que llegó fue a decir que cada quien respondiera por sus actos y que les cayera el peso de la ley, si les debía caer.

Cuando el diputado Solís Fallas señaló que los préstamos del Banco de Costa Rica se hicieron con un seguro de caución muy baja, por una empresa que no tenia capacidad de responder, se debió orientar el interrogatorio a sentar responsabilidades sobre quienes en el interior del Banco, su Junta Directiva, su cuerpos internos o comisiones internas que justificaron y recomendaron esta situación, sus auditores internos y externo, la propia SUGEF  y sus hermanas institucionales eran igualmente responsables de esas decisiones, e igualmente corresponsables en el daño económico que se puede causar por falta de esa capacidad de aseguramiento, porque si llegan  ha haber pérdidas, en este sentido, las deben asumir ellos y no los costarricenses. “Con Costa Rica no se juega”, decía el Presidente hace tres años, en su campaña electoral.

Cuando el Presidente planteó su posición frente al duopolio del cemento y si intención de romperlo en beneficio de los costarricenses, faltó señalarle que esa posición no era consecuente como una política de gobierno, por cuanto no se ha actuado de la misma manera con el arroz y con los aguacates, lo que evidenciaba la maraña y el entramado de acciones, y rápidas, que se hicieron para favorecer al empresario investigado.

Embarrialar gobiernos anteriores

El argumento del Presidente de que Juan Carlos Bolaños es proveedor del Gobierno desde hace mas de 10 años no era relevante para el caso, porque lo que se está investigando es el caso concreto de Juan Carlos Bolaños en su gobierno, el gobierno del Partido Acción Ciudadana. Lo que el Presidente hábilmente quiso hacer fue embarrialar a gobiernos anteriores para disminuir el peso y la influencia de este personaje en su Gobierno, en su Consejo de Gobierno, en sus ministros, exministros y asesores y personas que le han sido y son cercanas del Presidente.

Cuando el Presidente trasladó a la Ministra de Economía la explicación de las modificaciones  que se ha hecho para romper el duopolio, igualmente trasladó el problema de investigación y del interrogatorio que se le debía hacer a otro escenario. No está en discusión la política de romper el duopolio. Si así fuera el Presidente podría tener una campaña y discursos intensos en este sentido convenciendo a la población de la bondad de esta política, pero tampoco lo ha hecho.

El Presidente no se ha querido comprar este problema de investigación legislativa como un  tema político nacional de discusión, de políticas nacionales de su gobierno, y ya no está en el momento de hacerlo, aunque podría todavía llevarlo allí.

En general los diputados, cada uno por su lado, plantearon aspectos importantes sin que fueran respondidos a satisfacción por el Presidente, porque lo hacían como comentarios, como opiniones y no como preguntas a responder, o le facilitaron de esa forma al Presidente no abordarlos con la profundidad que se esperaba. Los personajes que se mencionaron, como sombras de acompañamiento de Juan Carlos Bolaños, en los pasillos de la Casa Presidencial, siguen existiendo cercanos al Presidente y con acceso a la Casa de Vidrio de Zapote. De allí la expresión de la diputada Mora de que “la responsabilidad política exige vigilar a los cercanos” y la exhibición de lo manifestado por el diputado Morales Zapata de que “el cambio realizado es únicamente de intereses” es prueba de que no ha cambiado nada respecto a anteriores gobiernos. Gatopardismo político: todo cambia para que todo siga igual. De allí las repercusiones a la voz del candidato oficial del Gobierno y del Partido Acción Ciudadana: “de que continuará con el cambio iniciado por la actual Administración”.

Lo de Morales, “pura palabrería”

-La decisión de distanciarse del diputado Morales Zapata, ¿cómo la califica?

-Pura palabrería, en este caso  pública. Obviamente el Presidente  tomó distancia del diputado Morales Zapata,  su principal agente de gobierno, y en algunas ocasiones operaba a todos los efectos casi como su vocero, en todas las esferas públicas, hasta esa noche de la comparecencia, cuando el Presidente manifestó públicamente que ya no lo tenía de amigo. Pedirle que dejara la curul fue excesivo, porque no le correspondía a él hacerlo, lo que lo podría colocar en el borde de la beligerancia política. Pedirle que renunciara a la inmunidad parlamentaria, cuando en la tarde de ese día el diputado Morales Zapara ya lo había anunciado,  carecía de todo efecto su solicitud. Además, de que el diputado Morales Zapata ya había anunciado, antes de la comparecencia, que dejaba también la fracción parlamentaria, es decir que dejaba al Partido Acción Ciudadana, que ya no era diputado de este partido y que seguiría de diputado independiente hasta el 30 de abril del 2018.

Me parece, entonces, que la acción del Presidente, de distanciarse del Diputado Morales Zapata, estaba dentro de lo previsto, ya que, además, su cercanía, con todos los compromisos que vinculan al diputado Morales Zapata, con Juan Carlos Bolaños, lo embarra de continuar amparándolo, o dándole públicamente la amistad, y  de acceso a la Casa Presidencial que hasta ahora había tenido. No me parece nada sobresaliente, más allá de haberlo hecho público.

El escándalo está vivo y sangrando

-Tras la comparecencia, ¿el escándalo del cemento es capítulo cerrado para el Presidente y el Gobierno?

-No. El escándalo del cemento no se ha cerrado para el Presidente y el Gobierno. Me parece que sigue abierto y en posibilidad, si fuera necesario, de volverlo a convocar, a un interrogatorio más preciso y contundente, no solo al Presidente, sino a los miembros del Consejo de Gobierno donde se tomaron acuerdos de nombramientos de miembros de Juntas Directivas, que siguen siendo hasta ahora intocables, pero que aparentemente están comprometidos en todos los acuerdos y avales que han dado al asunto del cemento.

Tampoco es un caso cerrado por cuanto la Comisión Legislativa tiene todavía mas de dos meses de trabajo, pueden surgir otros temas de fondo y otros personajes políticos y empresariales asociados al gobierno, como a otros partidos, en este caso.

Por otro lado viene la campaña política, a partir de octubre y noviembre, donde intensamente todos los partidos nacionales, con candidatos presidenciales, que quieren desplazar al actual Partido Acción Ciudadana del Gobierno, tendrán material de agitación política, y de denuncia política, de embarrar la imagen del Presidente, de su gobierno y de su partido político, en acciones propias del tráfico de influencias y de corrupción administrativa. Igualmente, los partidos provinciales tendrán material para combatir a los candidatos a diputados de Acción Ciudadana para que no continúen con este cambio de intereses.