Edgar Fonseca, editor

Tras el “cementazo”, la comisión investigadora del gasto público, debería entrarle a la piñata de abusos de las convenciones colectivas sindicales, uno de los grandes detonantes de la emergencia por la que andan las finanzas públicas.

El caso de la recién negociada convención de Recope se desborda, como los ríos del Caribe con el frente frío, y es uno de los que genera mayor indignación en la opinión pública.

Su costo, entiéndase la factura que le pasarán a los “ciudadanos de a pie” para mantener una bicoca de privilegios a 1.740 burócratas, de la única refinadora en el mundo que no refina nada más que gollerías, se elevará este año a ¢24.846 millones, reveló La Nación.

  • Se dispara, ¡79%!, el pago de vacaciones y horas extra, que pasa de una estimación de ¢1.276 millones a ¢2.293 millones este año.
  • Se dispara,  ¡115%!, un nuevo plus a empleados no profesionales, que el año anterior costó ¢204 millones y este año crece a ¢758 millones.

Y, para financiar todo ello, acuden a subir los precios de los combustibles. Así el litro de gasolina súper subiría ¢5,89; el de regular, ¢5,45, y el de diesel ¢4,80.

Todo esto ante los ojos impávidos de una administración que “prometió” poner freno a tanto abuso con los recursos públicos.

Nunca metieron en serio el bisturí a la sangría de las convenciones colectivas.

Lo hicieron sin un ánimo político genuino de darle un giro radical a tantas prebendas acumuladas a lo largo de décadas.

Lo hicieron casi como marketing de un fingido propósito de austeridad al que renunciaron desde el primer día de gestión cuando soltaron el chorro de los aumentos para condescender ante la coacción sindical.

Por eso, el país reacciona impotente e indignado ante este nuevo golpe que se aprestan a asestar con la convención de Recope quienes,como los gremialistas del Poder Judicial, con su sistema de pensiones al tope de privilegios, jamás renunciarán a semejantes beneficios.

Unos y otros, probablemente atizan la hoguera para ver llegar pronto al país a la quiebra, como Grecia.

De veras se necesitará de gobernantes visionarios y decididos  a partir del 8 de mayo, ¡Dios nos libre de populistas y demagogos!, para impedir que, por esta ruta, el país caiga a ese despeñadero.

Punto final-En tiempos de campaña, guardan ruidoso silencio los candidatos más serios y coherentes de mensaje frente al desmadre fiscal que empuja la piñata de las convenciones.

Y la pregunta de los mil millones… ¿que piensa el Regulador General?