Edgar Fonseca, editor

El amplio pacto de gobernabilidad cuajado por semanas a la sombra y el silencio, tan propios de la política tradicional, entre el excandidato presidencial PUSC y el candidato oficialista, refleja, en parte, que el bipartidismo que algunos creían enterrado, sigue muy vivo… y coleando.

Que para nada y para nadie, mucho menos para los urgidos candidatos,  es despreciable esa cuota de 28 nuevos legisladores que sumarán PLN y PUSC en el próximo cuatrienio, con los que impondrán, una y otra vez, su ley y sus condiciones de negociación para pasar iniciativas clave.

Las secretas conversaciones de los dos dirigentes y de sus entornos tras la primera  ronda, no deben verse entonces como algo perverso, pecaminoso o corrupto.

No se debe condenar a ambos dirigentes.

Ni se debe censurar, como han hecho, desde siempre, ante negociaciones parecidas los más conspicuos líderes del hoy partido gobiernista, que andan de cacería tras un inmerecido segundo mandato consecutivo.

Los acercamientos, contactos, arreglos, acuerdos, pactos, al fin y al cabo, que han trascendido, son muy propios de una democracia dinámica, multipartidista.

Y, en la presente coyuntura, van muy acorde con el particular decantamiento electoral de los ticos, que se negaron a darle el poder total al bipartidismo pero le otorgaron, nada menos y nada más, el preciado control legislativo.

No deben avergonzarse ni sonrojarse los dirigentes y militantes PAC, por este pacto de cúpulas, tan satanizados por todos ellos a lo largo de su trayectoria.

Al fin y al cabo, lo que refleja tal acuerdo no es solo cálculo político a torrentes sino –por esta ocasión– una pizca de pragmatismo desde el cegado redil del aspirante oficialista.

¡Qué negociaron puestos! ¿Y qué? ¡Qué Piza se conforma con la Casa Amarilla! ¿Y qué?

Las negociaciones políticas pasarán siempre por esas y más vicisitudes.

En el tanto acuerdos como estos saquen al país del atolladero en que nos deja este mismísimo gobierno, la opinión pública apreciará la madurez exhibida en las últimas horas, por unos y otros.

Punto final-Tampoco se rasgue nadie sus vestiduras porque la “crema y nata”, el dream team de los economistas, se fue con el otro candidato. Ya se deseara cualquier gobierno contar con esos 22 titulares y expertos en sus filas para poner a andar de nuevo a este país.

 

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