Edgar Fonseca, editor/Foto The Guardian, Londres

La decisión de las autoridades de ampliar, al menos hasta el 30 de abril, la cuarentena institucional, comercial, educativa, entre otras medidas –en medio de la mayor amenaza sanitaria de nuestros días– es correcta y prudente.

¿O es que hay quienes quieren –sin haber cruzado el pico de los contagios– restricciones light, a la “tica” para arriesgar el país al drama de Guayaquil?

Hasta hoy las decisiones sanitarias han sido oportunas, válidas e indispensables. 

Las medidas adoptadas han sido contestes con la magnitud de la amenaza y contestes con las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

Lo demás es jugar con fuego…

No nos ha correspondido experimentar las arbitrariedades autoritarias del títere de Bukele en El Salvador.

Ese nefasto “estado de sitio” a que tiene sometidos a los salvadoreños de la mano del ejército en nombre de la defensa ante una peste que se le propaga sin control.

Tampoco hemos pasado por la irresponsabilidad del populista López Obrador en México quien menospreció la amenaza de la pandemia.

Que hasta hace pocos días la desafiaba en las calles, en las fondas mezcaleras, y que ahora, como la peste de La Máscara Roja, le ha obligado a confinarse tras barrotes en el Zócalo.

Mucho menos hemos sentido esa “temeraria” reacción de la indiferencia ante la mayor emergencia sanitaria de nuestros tiempos, como ha sido la de Ortega y su mujer al otro lado de Peñas Blancas.

Quizá, para nuestro mal, ahí radica el mayor riesgo y amenaza para el país cuando estalle esa bomba sanitaria, advertida por expertos independientes locales y externos.

La reacción institucional del sector salud ha sido conveniente, gradual, atenta a la evolución global del fenómeno y de sus eventuales impactos.

Ha sido una reacción sustentada en nuestra realidad de respuesta institucional y en la realidad científica de expansión de la epidemia.

Pero la batalla apenas empieza.

La OMS advierte que una “suavización” de las restricciones puede derivar en brotes más letales de los hasta ahora sufridos por algunas naciones.

Por ello, y en razón de la frágil franja de estabilidad por la que atraviesa el país, sin experimentar bruscas manifestaciones del mal, pero latente en su crecimiento diario de contagios, resulta correcto y prudente, como lo decidieron las autoridades sanitarias, ampliar el periodo de cuarentena institucional, comercial, educativo y de circulación vehicular que hasta ahora hemos cumplido.