Edgar Fonseca, editor/Foto Granma, 14ymedio.com, La Habana

En el país del desvío de recursos, el cierre de un gran número de centros de trabajo corta abruptamente el salario invisible que sostiene a muchas familias. Es una entrada económica no declarada pero crucial, relata la editora Yoani Sánchez del sitio 14ymedio.com desde La Habana. 

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Este martes –cuenta– se complicó desde el principio. En nuestra casa se rompió una tubería y con todos los plomeros en cuarentena tuvimos que apelar a nuestros conocimientos de ingenieros sin diplomas para resolver el problema…

Por “la izquierda”

Nada más terminar con las labores de plomería, llamó un amigo angustiado porque lleva un mes sin trabajo…Mi amigo es empleado de un centro estatal que fue cerrado tras la llegada del covid-19 a la Isla. Ahora recibe la totalidad de su salario al menos durante las primeras cuatro semanas. Dicho así parece la panacea: quedarse con su familia y cobrar el sueldo. El problema es que, como muchos cubanos, su entrada principal es lo que consigue “por la izquierda” en su puesto laboral. De manera que en pocos días sus ingresos reales (no los oficiales) se han desplomado.

Como él –destaca Sánchez– miles de personas que habitan esta Isla se han quedado “colgadas de la brocha”: el cocinero que completa su magro salario con el queso sacado del hotel que luego oferta en el mercado negro; la bibliotecaria que vende sus turrones de maní a los estudiantes de la secundaria y el custodio del almacén de una empresa que llega a fin de mes sacando furtivamente una tina de helado cada semana.

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