Edgar Fonseca, editor

“Al llegar al edificio, un vecino apostado en los bajos miró con ojos inquisidores lo que traíamos, algo habitual en él, que lleva años husmeando quién entra y sale de nuestra vivienda o qué contiene la bolsa con la que regresamos del mercado. Se trata de una vigilancia tan permanente y sin tapujos que hasta bromeamos y advertimos a nuestros visitantes”, relata la editora Yoani Sánchez del sitio 14ymedio.com desde La Habana.

“Retirado y de una mentalidad muy autoritaria –cuenta– mi vecino es como esos miles y miles de cubanos cuya vida gira alrededor de vigilar a otros y estar pendientes de lo que hacen, gente que considera la intimidad un nicho de individualismo que no debe permitirse”.

“Son esos –dice– que desconfían de cuando cerramos la puerta, nos quedamos en silencio y nos refugiamos en nuestro interior, porque allí no pueden alcanzarnos ni hurgar en nuestros pensamientos.

“Revolucionario que es revolucionario no tiene nada que esconder”, repiten, y en nombre de una ideología se sienten con el derecho de irrespetar el espacio del otro. Pobres diablos”, exclama Sánchez.

En medio de la pandemia del coronavirus, que vulneró al “invencible” sistema de salud cubano, el régimen –según Sánchez– suspendió la venta de todos aquellos productos que no sean considerados básicos o imprescindibles. O sea, que si alguien está haciendo una renovación en su casa tendrá que esperar que termine la pandemia para comprar cemento, pintura o una simple pila (grifo).

La otra opción –agrega– es sumergirse en el mercado negro, pero estos días “la cosa esta mala, muy mala”, me advierte un amigo con múltiples contactos en las redes informales de compraventa. “Están haciendo operativos sorpresa”, agrega. La amplia zona alrededor de la plaza de Cuatro Caminos, donde hasta hace unas semanas latía el principal mercado negro de piezas sanitarias, tubos y uniones, ahora parece un desierto.

Hasta este lunes –según las cifras oficiales– la pandemia deja 56 muertes y 1.389 contagios confirmados.

Ver: 14ymedio.com, La Habana