Edgar Fonseca, editor

Ningún gobierno en tiempos recientes había logrado el milagro de este al revertir abultadas cuotas negativas de apoyo, a un respaldo abrumador por el manejo de la pandemia del coronavirus.

Hacía aguas la nave…

Estaba a punto de zozobrar en medio del escandalillo de una impertinente intromisión en las vidas de todos los ticos, cuando a este gobierno le tocó, paradójicamente, –como la mayor tabla de salvación que recordará la historia–, reaccionar ante la pandemia de los siglos propagada desde Wuhan.

Y algo o alguien iluminó desde el mandatario hasta a sus más cercanos, contando con la estrella de un ministro de Salud, para responder con el más fluido, ejecutivo y eficiente manejo en las decisiones para frenar, hasta ahora, el embate de una epidemia que hace estragos sin miramiento de clases, ni de poder.

¡El sistema, a prueba, respondió!

La pandemia ha hincado a los más pintados.

Los tiene doblegados. Sorprendidos. Aturdidos.

Lleva a algunos a las decisiones, a las reacciones, a los anuncios más insólitos, absurdos, inimaginables o espeluznantes, como aquel que nos recomienda –cual chamán– bañarnos en desinfectantes para alejar los malos espíritus del coronavirus.

O aquel que, transformado en autócrata delirante, tiene convertido a El Salvador en un campo de concentración, claro, mientras le reste “fidelidad” en las impredecibles fuerzas del ejército.

O como aquel que, imprudente e irresponsable, llamaba hasta hace unas semanas a compartir taquitos de lechoncillo y guacamole en el Zócalo mientras la pandemia acechaba desde Tijuana hasta Cancún.

No ha sido ese el caso de nuestro país en las últimas ocho semanas.

La respuesta institucional –y la respuesta país–, ha sido conteste con la magnitud de la amenaza.

Se entiende, entonces, ese trepidante respaldo que refleja la más reciente encuesta CIEP-UCR para el presidente y su gabinete sanitario.

Se entiende ese 94 % que avala todas las decisiones de restricción sanitarias.

No deja de llamar la atención ese sólido reconocimiento a un imperfecto pero funcional sistema democrático.

Aunque está por verse lo que nos aguarda con la pandemia económica.

Pero nunca un gobierno había logrado el milagro de volcar tan abruptamente cuentas negativas y ponerlas a su favor.

Para el presidente y su equipo el gran desafío está en saber manejar este repentino baño de masas –por una labor desplegada con responsabilidad, seriedad, sentido común–, y afinarlo y apuntarlo certeramente ante los estragos económico-sociales ya latentes.