Edgar Fonseca, editor/Foto El Faro, San Salvador

La crisis por la pandemia ha revelado al peor Bukele y se ha convertido en una crisis institucional, destaca el sitio El Faro de San Salvador en un análisis del primer año de gobierno del controversial mandatario salvadoreño denunciado por comportamientos autoritarios, dictatoriales.

“Cuando llegó el virus –agrega El Faro– Nayib Bukele había sumido ya al país en una profunda crisis política y constitucional”.

“La militarización y toma de la Asamblea Legislativa, el 9 de febrero, indicó definitivamente el rumbo de esta administración: el irrespeto a la Constitución, el atropello a otro órgano de Estado, la instrumentalización política del Ejército y la Policía, el populismo y el mesianismo de un jefe de Estado que usurpó la silla del presidente del Congreso para preguntar a algún dios si disolvía o no el poder legislativo. Un acto tan violento contra nuestra vida democrática difícilmente se borrará de la memoria nacional”, advierte El Faro.

“No fue un exabrupto –enfatiza dicho sitio– sino el paradigma de una forma de gobernar. El punto de no retorno de un hombre sin visión democrática de Estado, que entiende la política como un conflicto permanente con cualquiera que mínimamente desafíe su poder absoluto y la escenificación constante de ese poder”.

Visión autoritaria

Bukele –denuncia El Faro– ha utilizado su liderazgo para debilitar cualquier resistencia a su visión autoritaria, que espera consolidar por la vía de las urnas en la elección legislativa de febrero de 2021.

“Sus seguidores –agrega– aparentemente decididos a entregarle el poder legislativo, no valoran aún que, al despreciar el estado de derecho, Bukele desprotege a los ciudadanos, que ni siquiera saben ahora qué derechos tienen ni cómo hacerlos valer. Que la falta de seguridad jurídica y el irrespeto a las leyes tendrá también consecuencias económicas a corto plazo, porque la fascinación internacional que el presidente despertó en sus primeros meses se ha resquebrajado, y no será fácil atraer inversión a un país cuyo presidente desconoce la ley y utiliza la fuerza del Estado para cerrar, como ya lo ha hecho, empresas cuyos propietarios le son incómodos políticamente”.

“El mayor desafío es –resalta El Faro– un año después de la llegada de Nayib Bukele al poder, para quienes proclaman defender la democracia. Este gobierno no cambiará su estilo confrontativo y antidemocrático. Es su naturaleza. El reto, frente a ello, es extremo. Implica la participación activa de ciudadanos en la construcción y defensa de la democracia. Requiere la dignificación urgente de los partidos políticos, que han preferido todos, hasta hoy, defender a sus miembros más nocivos por encima de sus propias ideas y de su responsabilidad ante la nación. Supone acción y la palabra inmediata, constante, plural, valiente, para evitar que continúe el retroceso institucional”.

“Y sabedores de que hay múltiples factores sociales y políticos que han colocado una alfombra roja a este gobierno antidemocrático, enfrentarlo pasa también por la autocrítica, por escuchar, comprender y hablar a los salvadoreños que no creen que el país se encamine a un abismo. O que están dispuestos a lanzarse a él”, sentencia el sitio.

Ver: El Faro, San Salvador