Jorge Corrales Quesada, economista/Foto ilustrativa Anshu A, Unsplash pictures

Si bien veo con buenos ojos el cambio del ministerio de Salud, en cuanto a no promover cierres generalizados, como el del Día del Padre, que no sólo no dio los resultados esperados, sino que causó un daño enorme a las economías de muchos hogares, ahora sigue un enfoque más lógico de circunscribirse a sectores específicos sensibles dentro de la pandemia. Así, el daño sobre la economía es conceptualmente menor que el de una cuarentena generalizada. Pero, he visto otro ejemplo que comento de luego, el cual me sirve como uno más de la locura e insensatez que a veces observamos en este asunto de la pandemia.

Lo pude ver en el Noticiero de mediodía de en el canal 6, cuando un grupo de empleados municipales de Desamparados aparecen, por decisión superior, fumigando calles, vehículos y casas con un humo que no sirve para contener o matar el covid-19, tal como había sido informado hace días por gente conocedora.

Por variar, un periodista inteligente le preguntó eso mismo a la alcaldesa -que de qué servía esa fumigación- y ella, sin responderle la verdad -que no servía para el virus- dijo que lo era como un llamado a la población para que se mantuviera siguiendo todas las reglas establecidas para el covid-19.

Esto lo que me dice es que, en primer lugar, hay una alcaldesa ignorante de que el humo que lanza no hace nada para el covid-19. Puede ser que sí para otras enfermedades, pero no para ese virus. En segundo lugar, que no parece importarle gastar recursos en esa práctica, que no es sólo el costo de la mano de obra, de los equipos y de los químicos fumigados, sino que podrían dedicarse a cosas realmente efectivas. Y, en tercer lugar, que, con la situación fiscal imperante, también ese municipio debería ahorrar en gastos inútiles como esos. La economía no está para tafetanes ni para desperdicios