Edgar Fonseca, editor

La aprobación este jueves por parte de la Asamblea Legislativa del tracto inicial por $508 millones, para dar paso a negociaciones de mayor calado con el FMI, es una muestra más de sensatez política en estos complejos tiempos que atraviesa el país bajo la peor pandemia de una generación.

Lo contrario hubiese sido empujar un poco más al despeñadero la severamente deteriorada condición fiscal.

Una mayoría legislativa respondió acorde con la gravedad del momento.

Superó las hondas diferencias que se amplían, conforme pasan las horas, con el zigzagueo oficialista en la ruta hacia una urgida reconstrucción económica pospandemia.

Y decidió respaldar el inicio de las negociaciones con el FMI en el entendido que se trata de una vía ineludible para paliar, para amortiguar el cataclismo económico-social en que anda sumergido el país desde marzo. Un cataclismo, por cierto, de dimensiones globales.

En ese contexto, esa mayoría legislativa dio un voto con sentido de responsabilidad.

Lo hizo al margen de sus intereses partidarios y de los sectoriales.

Al margen de afanes mezquinos.

Lo hizo a pesar de la estridencia de fanatismos minoritarios.

Esa mayoría dio el paso clave –como lo hizo hace dos años ante la crucial reforma fiscal–, apenas horas después de que grupúsculos intentaron imponer “su ley” en las calles a punta de matonismo, de pachuquismo y de vandalismo; a punta de vulgares agresiones a comunicadores en el ejercicio de un derecho ciudadano sagrado como es el de buscar y propagar información.

Se trata de un voto mayoritario crucial hacia la posterior y nada fácil negociación de un acuerdo Stand By que proveería, hasta $2.250 millones al país, en el marco de los compromisos a que eventualmente se lleguen con el organismo multilateral.

Representa una decisión política de madurez en el contexto de las circunstancias de estos días.

Para el gobierno, y por supuesto, para el país, este paso es un respiro.

Pero seguimos al borde del abismo.

Al presidente Alvarado y a su equipo de gobierno, este nuevo aval legislativo, esta muestra de seriedad en la decisión política, debería servirle para responder con hechos, con las coordenadas de la urgente reactivación y reconstrucción productiva del país que le reclaman con sobrada razón sectores clave.

Debería servirle al gobernante para poner orden en el desconcierto que un día y otro percibe y critica la opinión pública desde la cúpula ejecutiva en el manejo de los desafíos de estos tiempos.

Debería servirle para demostrar cuál es su compromiso con la contención del gasto público mientras se demandan a la población sacrificios extraordinarios.

Punto final-El voto mayoritario legislativo de este jueves corta una reciente racha de insensatas decisiones que dejaban en entredicho un compromiso inicial con ajustes estructurales ante la pandemia fiscal.