Edgar Fonseca, editor

La ciudadanía reacciona con justa indignación ante el anuncio del gobierno de impulsar más impuestos para llegar a un eventual acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Un anuncio que concentra más del 80% de la propuesta en cargar sobre las espaldas del usuario nuevos ajustes tributarios y toca marginalmente la contención del gasto.

En la emergencia fiscal que vive el país, la primera iniciativa gubernamental en la ruta hacia las conversaciones con el FMI es floja y omisa.

Faltó ambición.

Apenas para salir del paso.

De ahí el malestar comprensible de la ciudadanía.

Pero, pasado el ruido y las escaramuzas, el gobierno y los grupos políticos, empresariales, sectoriales, gremiales, deben abocarse, con seriedad, a alcanzar el más razonable acuerdo que le permita al país un espacio de transición hacia una mayor estabilidad económico-financiera.

Ojalá prevalezca sensatez, madurez, visión, por parte de los actores clave.

¿O no?

¿Creen algunos que el país puede darse el lujo de echar –como lo hizo con temeridad en los ochenta–, a la representación del FMI, decisión que nos hundió en uno de los periodos de mayor turbulencia e inestabilidad económico-social de nuestra reciente historia?

¿Qué puede darse el lujo de desafiar, sin costo alguno, a una instancia de relaciones financieras multilaterales a la que acuden en estas horas de desastre pospandemia hasta los más poderosos?

El posible acuerdo con el FMI no será la pomada canaria, ni acabará con los severos males fiscales endémicos que se arrastran desde décadas atrás.

Pero, al menos, dará un respiro, será un alivio, en este periodo de transición hacia un nuevo gobierno.

No queremos más impuestos, con justa razón.

¿A cambio qué ofrecemos?

¿Rodarán, esta vez, por fin, las escandalosas pensiones de lujo?

No queremos más impuestos, con justísima razón.

¿Acabarán entonces los incontenibles disparadores de gasto de todos conocidos?

¿Las odiosas convenciones colectivas?

¿Los intocables privilegios salariales de las universidades, del aparato judicial, para citar, tan solo, un par de ejemplos?

No queremos más impuestos, con sobrada razón.

¿Nos desharemos de decenas de instituciones ineficientes, como sentenció el fundador PAC; de decenas de elefantes blancos, condenados a cargar de costo, en su mortual, a las presentes y futuras generaciones?

¡Remember el Crédito Agrícola!

En fin, a falta de una propuesta de negociación más contundente y visionaria por parte de la presente administración, con la cual sentarse ante el FMI, la discusión está abierta.

No más impuestos. Todos estamos de acuerdo.

A cambio, ¿qué?

Punto final-No me asusta la negociación con el Fondo Monetario Internacional. Consterna, sí, la irresponsabilidad con que salen algunos a reclamar con trasnochado patriotismo. Son los mismos que fracasaron cuando el país escogió y consolidó la ruta de la apertura global con el TLC con EE.UU. en 2007. Los mismos que fracasaron hace dos años con la manoseada reforma fiscal. Los mismos que hoy se aprestan a defender y preservar sus prebendas y sus gollerías aunque al país se “lo lleve el carajo”…