Edgar Fonseca, editor

Oportunidades de mejora en las relaciones bilaterales EE.UU.-Costa Rica son vistas posibles con la llegada al poder del presidente Joe Biden.

Así lo afirmó Eduardo Ulibarri, exembajador de Costa Rica en la ONU, en amplia entrevista con este editor sobre las implicaciones globales y regionales del cambio de administración en la nación norteamericana tras los convulsos acontecimientos de los últimos días que incluyeron el asalto de turbas afines al presidente Trump al Capitolio.

Biden asume mañana miércoles a las 12 mediodía bajo un despliegue extraordinario de fuerzas de seguridad en Washington D.C.

No se parte de una crisis

Ulibarri destacó que en el marco de las relaciones bilaterales no se parte de un estado de crisis.

Resaltó que durante el periodo Trump, Costa Rica y EE.UU. mantuvieron relaciones de normalidad y cordialidad.

Aseguró que fue muy importante a lo largo de este periodo no se diera ninguna imposición en la relación bilateral.

Los flujos comerciales, de inversión y turismo, dijo, se mantuvieron muy dinámicos, salvo la coyuntura de la pandemia.

Dentro de la normalidad prevaleciente, amplió Ulibarri, para Costa Rica hay oportunidades de mejora a partir de una relación de mayor fluidez y confianza con la nueva administración ya que con la saliente siempre existía la inquietud de que en algún momento surgiese una decisión que no fuese del interés común, lo cual no se dio, remarcó.

Ulibarri insistió en que Costa Rica va al inicio del mandato de Biden en un marco de relaciones estables, cordiales y de capacidad de concertación.

Ve oportunidades de coincidencia en el tema del cambio climático y ambiental donde se anuncia un viraje de Biden hasta eventualmente reintegrarse al Acuerdo de París del cual salió abruptamente Trump.

También ve oportunidades, por razones de tendencias económicas mundiales, a que se impulse el nearshoring de firmas norteamericanas en el país.

Ulibarri, aludió al caso particular de Costa Rica en el contexto de que se puede esperar de la política exterior de la administración Biden en la región.

Según dicho analista, es de esperar una política de visión integral, no solo punitiva en temas de seguridad, sino de mayor desarrollo económico, social institucional, para atender las relaciones con Latinoamérica sin perder de vista los casos críticos de amenaza a la democracia hemisférica como son Cuba, Venezuela o Nicaragua.

Los desafíos internos y externos

Interrogado sobre los principales desafíos internos de la nueva administración, Ulibarri aseguró que son “múltiples y muy serios”.

Citó la pandemia, la crisis económica, recuperar la credibilidad ciudadana en su sistema político, con hasta un 70% de los votantes de Trump que creen, “como acto de fe”, que hubo fraude en las elecciones y atender la violencia racial.

A nivel global, Ulibarri cree que el desafío inmediato de la administración Biden será revitalizar la influencia internacional de EE.UU. en distintas instancias de las que se alejó la administración Trump.

Trump, un balance desastroso

Eduardo Ulibarri no titubeó para calificar el balance de la administración Trump: “desastroso”.

“Yo pondría como una sombrilla de esos tres rasgos que usted me ha pedido que desarrolle, un balance que me atrevería decir, desastroso”, enfatizó. 

La que más daño le ha hecho a la democracia

“Diría que en primer lugar la administración de Donald Trump, en toda la historia republicana de los Estados Unidos, es la que más daño le ha hecho a la democracia, al concepto de la convivencia civilizada entre los ciudadanos, entre las instituciones de la democracia estadounidense, que son emblemáticas por su fortaleza y por dicha han resistido a los embates de Donald Trump, pero que él las ha diezmado en gran medida, y al discurso político de Estados Unidos. “Diría, que el primer rasgo de ese cuatrienio desastroso, que está en el tejido mismo de la política y de la convivencia estadounidense”, afirmó.

Gestión económica dispar

“El segundo rasgo, que está muy vinculado a este, siguiendo la parte interna de Estados Unidos, ha sido una gestión económica muy dispar, con algunos aciertos puntuales, pero en términos generales muy desarticulada, sin una estrategia clara, con una opción y una apuesta al proteccionismo como elemento central de su política de comercio internacional y con un sentido poco ilustrado de lo que son las verdaderas tendencias económicas en el mundo, y esto se refleja como le elemento adicional, pero también catastrófico, en su actitud tan desdeñosa, sobre el tema ambiental, y más bien en su propósito de impulsar ciertos sectores económicos, ligados sobre todo a los hidrocarburos, le ha hecho un gran daño al ambiente en Estados Unidos, y como el ambiente es algo que tiene repercusiones internacionales, a todo el mundo”, añadió.

Debilitó pero no destruyó el sistema de alianzas

“Y el tercer elemento, que toca al mundo –destacó– es que ha debilitado, no ha destruido, pero sí ha diezmado y ha debilitado, de manera muy relevante el sistema de alianzas que ha sido construido por Estados Unidos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y la emprendió tampoco sin un éxito definitivo, porque ahí están esas instituciones todavía, contra un sistema internacional, basado en reglas, y basado en instituciones multilaterales”. 

“Diría para resumir, que por un lado el daño al tejido político democrático y a las instituciones democráticas de los Estados Unidos, por otro, la gestión económica dispar, desordenada, un poco oportunista en sus conceptos, proteccionista y desdeñosa del ambiente , y en tercer lugar, el daño al sistema internacional basado en reglas, en alianzas, y en principios que Estados Unidos se preocupó y se ha preocupado en construir durante estos últimos 60 o 70 años después de la Segunda Guerra Mundial”, ratificó Ulibarri.

Fortaleza institucional pero hay cómplices

Ulibarri exaltó la respuesta institucional de EE.UU: frente a los desafíos antidemocráticos y autócratas de Trump pero censuró que hubo cómplices a lo largo del camino.

“Las respuestas institucionales por dicha han sido sólidas, y yo no las restringiría solo a estos últimos días y a ese hecho tan vergonzoso, tan preocupante, alarmante, inédito, en la historia de Estados Unidos, de que un presidente azuce a turbas para que asalten el Capitolio, con el objeto de interrumpir el proceso democrático estadounidense, porque no olvidemos que la certificación que hace el Congreso de Estados Unidos de los votos electorales, siempre ha sido un simple procedimiento simbólico, la etapa final de un proceso que incluso en etapas difíciles y en elecciones muy cuestionadas, como la de 2002 que ganó George W. Bush por muy pocos votos, ha sido como muy fluido, nunca se había puesto en duda la legitimidad del proceso”, agregó.

“El hecho que un presidente deliberadamente azuce y primero convoque y luego azuce a un grupo de fanáticos, algunos de ellos con ímpetus militaristas, violentos, de la peor calidad, asaltar la sede, de lo que es el representante del poder representativo de la unión, que es el Congreso, en sus dos cámaras, la de representantes y el senado, ciertamente tiene un gravedad de una dimensión inimaginable, y en este caso, incluso personas que a lo largo del tiempo, y esto hay que decirlo, han sido cómplices de las arremetidas de Trump en contra de las instituciones, como el vicepresidente Mike Pence, como el presidente del Senado, Mitch McConnell, y una serie de senadores, pues bueno, actuaron en consecuencia, le dieron luz verde a la certificación, y se manifestaron en contra, bastante, enérgicamente, de este asalto al Congreso”, aseveró.

“Hay que señalar sin embargo –agregó Ulibarri– que muchos otros legisladores, más de 100 representantes en la Cámara de Representantes y varios senadores, encabezados por Ted Cruz de Texas y George Hawley de Missouri siguieron insistiendo incluso después de este asalto, en revisar los resultado electorales, y esto indica que a pesar de la fortaleza de las instituciones, a pesar de la rectitud de una gran cantidad de funcionarios y del acto final, correcto, de otros que habían sido cómplices, todavía quedan en altas instancias del partido republicano, personas que son, han sido y pasarán a la historia como parte de los propiciadores de esos ímpetus de Trump por desconocer el resultado electoral”.

El acto final…

“Esto es lo que tiene que ver con la última etapa del proceso, digamos el acto final de lo que ha sido una tendencia, una estrategia deliberada por parte de Donald Trump de deslegitimar el proceso electoral, incluso desde antes de que se celebraran las elecciones, porque desde mucho antes Trump había venido diciendo que habían inscrito votantes que no tenían por qué votar, que se estaba vulnerando el proceso, etc., o sea venía preparando el terreno para que si el no ganaba, poder tener argumentos para cuestionar el resultado, y esta estrategia una vez que el perdió por una mayoría muy importante, no olvidemos que Biden lo superó por más de 7 millones de votos populares, además de que obtuvo 306 votos electorales contra 232 de Donald Trump, a pesar de esto, Trump siguió insistiendo, siguió presentando procesos en contra, más de 30 procesos judiciales emprendieron los partidarios de Trump para tratar de frenar el conteo de votos, para tratar de evitar que se declarara el triunfo de Biden y cada uno de esos procesos los perdieron, incluso uno ya de una irresponsabilidad extrema, que fue pretender que la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos anulara más de 20 millones de votos en Pennsylvania, Wisonsin, Michigan y Georgia, y la Corte Suprema de de Justicia, a pesar de que tiene una mayoría de magistrados conservadores, que han sido proclives, es más, tres de ellos fueron nombrados por Trump, rechazó eso, y aún así, Trump y acólitos, Ted Cruz, George Hawley, una serie, de representantes siguieron la falsedad”.

“Esa insistencia –sostuvo– este uso de la violencia no tuvo éxito precisamente porque las raíces democráticas de los Estados Unidos son muy profundas, porque tiene instituciones solidas, y además porque una serie de funcionarios y legisladores fueron suficientemente valientes como para enfrentársele a Donald Trump, no olvidemos el caso emblemático de Georgia, el Secretario de Estado de Georgia, a pesar de ser republicano, se negó sistemáticamente a ceder ante las presiones de Trump, para que declararan inválida la votación en ese estado, a pesar de que había sido reiteradamente certificada”.

“Diría que instituciones, personas correctas y una tradición democrática muy profunda, son las que han evitado que Donald Trump pudiera imponer su criterio y realmente tratar de tener un segundo período, a pesar del rechazo de la voluntad general o por lo menos mayoritaria de los estadounidenses”, concluyó.