Edgar Fonseca, editor

Mayúscula mezquindad no reconocer la vasta obra pública impulsada de costa a costa y de frontera a frontera por el ministro Rodolfo Méndez en esta administración.

Mayúscula mezquindad no reconocerle esa decisiva conducción suya para retomar obras postergadas y para ponerles plazo de entrega.

Se siente ese accionar a lo largo y ancho del país pero, sin duda, es en el Gran Área Metropolitana, con obras de impacto como los nuevos viaductos en la ruta 39, o el megacorredor vial que avanza de La Uruca a Calle Blancos; es en la retardada y urgente ampliación de la ruta 32 o en la ampliación de la Interamericana norte de Cañas-Limonal, Abangares, donde la tesonera labor de Méndez y de su equipo de trabajo se muestra en toda su magnitud.

El presidente Alvarado acertó al integrarlo a su gabinete.

Es su “as de oros” dentro de la negativa percepción de su gestión.

No hubo pandemia que detuviese las obras, aunque a distintos ritmos y no con poco sobresaltos.

Y eso dice mucho del compromiso asumido por el jerarca y de su presión a las firmas constructoras para mantenerse dentro de los plazos en medio del maremágnum de trámites, de apelaciones, de recursos, que atenta en este país contra cualquier iniciativa por simple que se trate, que atentan contra nuestra competitividad y que en calidad de obra vial nos lanza a un deshonroso sitial 117, de acuerdo con el Foro Económico Mundial, pese a ser ¡la economía más competitiva del área!, según esa misma instancia.

Méndez ha sorteado todo tipo de obstáculos y lo ha logrado sin que, hasta el momento –con la lastimosa salvedad del tortuoso tramo Sifón-La Abundancia de San Carlos, en ese vital eje vial norte, o con la cruda aceptación de no engañar con un nuevo aeropuerto internacional como lo hizo la administración previa–, su impulso a obras clave se haya frenado.

¿Debe continuar Méndez Mata en su tarea en la próxima administración?

A las puertas de elecciones nacionales y a las puertas de un cambio de gobierno, es la gran pregunta que salta, no importa quien asuma el mando.

Sobran las reacciones.

Desde los elogios hasta los insultos.

Desde cuestionar gratuitamente su edad hasta criticarle por qué hasta ahora alcanza esos logros y no los consumó en anteriores administraciones del PUSC de las que formó parte.

Una notoria huella de su reciente gestión es que removió desde las bases obras impostergables.

Y ello no pasa desapercibido en un país en que, lamentablemente, se hizo costumbre, casi ley, eternizar transformaciones esenciales o adoptar decisiones cruciales.

Remember la reforma fiscal 2018.

Probablemente don Rodolfo cuente ya las horas para tomar un muy merecido descanso.

Probablemente no haya tintineo electoral que lo desvele.

Pero tras esta vasta gestión suya persiste la interrogante, ¿debe darse el país el lujo de deshacerse de un funcionario de su talante?