-La realidad nos aplastó con la fuerza de un gabinete entero que por momentos parece un chiste, y por otros una pesadilla.

Editorial Caretas, Lima

En editorial publicado el 4 de junio, en vísperas de la segunda vuelta, CARETAS apuntó que “muchos de quienes no han podido superar comprensiblemente su alergia a la naranja creen que un gobierno de Pedro Castillo se decantará, de alguna forma, en algo superior a lo que proyecta el desorden y la improvisación de su candidatura. En esos buenos deseos, sus aliados radicales -MOVADEF y Vladimir Cerrón- serán apenas anécdotas arrinconadas por el pragmatismo político. Buena suerte con eso”.

No sirvió la pata de conejo ni el trébol de cuatro hojas. La realidad nos aplastó con la fuerza de un gabinete entero que por momentos parece un chiste, y por otros una pesadilla. 

Pero la verdad es que la posibilidad siempre estuvo claramente allí y hubo muchos enceguecidos que respondían a las señales de alarma con gestos de perplejidad, como si hubiera sido sencillamente imposible que Castillo cumpla con algo parecido a lo que ofreció. Como algunos acuciosos de la historia recuerdan hoy, los bolcheviques siempre terminan por encimar a los mencheviques. 

Es cierto que durante algunas semanas pareció librarse lo que este medio llamó una “tercera vuelta” entre las huestes de Vladimir Cerrón y personajes que se esforzaron por centrar a un presidente que, se creyó, pudo inclinarse a cualquier lado, pero la hegemonía que el ala dura y caótica de Perú Libre ha impuesto en el nuevo Consejo de Ministros no deja lugar a dudas. En medio de una pandemia, nada menos, y con graves consecuencias para la economía que se vieron reflejadas en la reacción de los mercados.  

Especial PuroPeriodismo: Caretas, Lima