Edgar Fonseca, editor/Foto TV Sur Noticias, Pérez Zeledón

Un grupo de personas con características violentas habría participado en la masacre de un finquero estadounidense y cinco costarricenses en Llano Bonito de Buenos Aires, Puntarenas, el domingo 17 de octubre, sostuvo este martes el director del OIJ, Walter Espinoza.

Así lo expuso al referirse al avance de las investigaciones en que descartó, de momento, relacionar la matanza –la mayor en los últimos cinco años en el país–, con acciones de bandas de narcotráfico que operan en la zona.

Espinoza dio las declaraciones en un video You Tube hecho llegar a los medios a las 10:01 a.m.

Son sus segundas manifestaciones tras este sangriento suceso que tiene conmocionada a la región y desafía la capacidad investigativa de OIJ. Las primeras las dio el lunes 18 de octubre apenas conocida por la opinión pública la magnitud de lo acontecido.

“Es una acción grotesca y grosera de parte de un grupo de personas que tienen condiciones y características de violencia y que recurrieron a este esquema para efectos de ultimar a todas las personas cuya localización ocurrió hace una semana en el cantón de Buenos Aires”, afirmó.

Consumaron la acción para no dejar testigos ni evidencias.

“La hipótesis que nosotros mantenemos es la misma que al inicio de la investigación. Es una hipótesis que puede variar, sin embargo”, añadió.

“La tesis que maneja la policía –ahondó– es que esto tiene que ver con un asalto, con un ánimo de sustracción, con el interés de quienes acudieron al sitio a cometer el delito de no dejar testigos o evidencias que pudieran vincularlos con el hecho criminal”.

Sin nexo narco

Ratificó que el análisis de las víctimas no han detectado ningún vínculo con narcotráfico, crimen organizado o acción delictiva de otra naturaleza que hubiese desatado los hechos.

“En ninguno de los casos –dijo– hemos logrado detectar ni la más leve cercanía con hechos como narcotráfico, delincuencia organizada o actividades delictivas de ninguna otra naturaleza”.

“Esto es necesario clarificarlo –aseveró– porque cuando ocurren hechos con las características de la que estamos hablando, usualmente pensamos de manera automática de que estos eventos tienen que ver de manera necesaria con crimen organizado”.

En el sitio fueron asesinados: Stephen Paul Sandusky, estadounidense, residente en el país, de 61 años; el mecánico César Quesada Cascante, de 44 años, su esposa Claudia Villarevia Rivera de 41 años, maestra de enseñanza especial en Rivas, el hijo de ambos, Daniel de 20, y la pareja: Willy Borbón Muñoz de 38 años y su esposa Anyelic Zúñiga Rodríguez de 40.

Presentaban heridas de armas de fuego.

Al menos dos de las víctimas fueron calcinadas.

Cuatro de los cuerpos ya fueron entregados a sus familiares y dos permanecen bajo identificación forense.

El mecánico Quesada Cascante, su esposa e hijo y los dos acompañantes, a quienes invitaron, viajaron hacia esa finca la mañana del domingo 17.

Quesada iba con el propósito de culminar una reparación que había dejado inconclusa el jueves anterior a los hechos.

Tenía al menos 10 años de dar servicio de reparación de maquinaria agrícola e industrial al estadounidenses quién residía en la zona sur desde hace unos 20 años.

Sandusky, oriundo de Florida, procreó dos hijos con una costarricense. Fue dueño de un restaurant en playa Dominical. Lo vendió y adquirió posteriormente la finca en Llano Bonito, una hacienda de 104 hectáreas que puso a la venta en los últimos meses en $1,8 millones.

Con el mecánico Quesada, su esposa, hijo y acompañantes se perdió contacto celular la mañana de dicho domingo, 8:30 a.m. aproximadamente, por lo que sus familiares entraron en preocupación y avanzada la noche viajaron hasta el sitio donde constataron la matanza.

Culminaron inspección del sitio

Walter Espinoza dijo este martes que las autoridades culminaron con la inspección del sitio de donde extrajeron elementos balísticos y otras evidencias para su debida comparación investigativa.

Paralelamente un grupo interdisciplinario de sociólogos, sicólogos e investigadores trabaja en el análisis a profundidad de las costumbres de las víctimas con el fin de tener una mejor perspectiva de investigación y, a partir de pronósticos, tener una eventual presunción de quienes habrían estado involucrados en la acción.

Espinoza dijo que, a la vez, recogen informaciones por al menos dos vías: la de la investigación policial y la de los datos confidenciales que investigan.

Enfatizó que, en coordinación con el Ministerio Público realizan una tarea analítica, planificada, ordenada y paciente para sumar evidencias contra eventuales responsables en un proceso penal.

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Un viaje tempranero con un desenlace mortal

Cinco de las víctimas viajaron hacia la finca en Llano Bonitio a eso de las 6:30 a.m. desde Linda Vista de Rivas de Pérez Zeledón a unos 60 kilómetros de distancia.

Tenían planeado regresar a mediodía para celebrar un almuerzo de cumpleaños al papá de Cesar, Eladio Quesada.

César Quesada, quien tenía unos 10 años de repararle maquinarias agrícola e industrial al norteamericano, viajó con su esposa e hijo y la pareja amiga hacia la finca de Sandusky a acabar un trabajo que había dejado inconcluso el jueves anterior al suceso, contó su tío, José María Quesada, a TV Sur Noticias de Pérez Zeledón.

Quesada, quien es dueño de un restaurant en Rivas, detalló que su sobrino tuvo un último contacto celular con un amigo de Rivas a quién le pidió detalles, vía mensaje, de unas conexiones eléctricas como a las 8:15 a.m. y tras esto, poco antes de las 9 a.m. se perdió todo contacto con él y con su familia.

Pasadas las 4 de la tarde a la familia le entró mayor preocupación.

Incluso a las 9 p.m. intentaron llamar a Stephen, a quien conocían desde hace 12 años, pero no respondió, lo que les extraño aún más, pues pese a que hablaba poco español, siempre les respondía las llamadas.

Ya para ese momento su hermano, Eladio, padre de César se dirigía hacia la finca en Llano Bonito y una hora más tarde lo llamó para confirmarle la muerte de todos.

Presentí algo malo

Don Eladio Quesada confirmó al mismo telenoticiero que intentó comunicarse con su hijo desde temprano pero no le fue posible.

Ratificó que ese domingo la familia le tenía preparado un almuerzo para celebrar su cumpleaños por lo que esperaban a César y su familia de regreso a mediodía.

“Nosotros estábamos esperando a César para una comidita porque yo cumplía años”, contó al noticiero a la entrada de la finca de la masacre.

Después de la 11 a.m., al pasar las horas y ver que no se comunicaban le entró más inquietud. 

“No contesto ninguno de los tres”, aseguró. 

“Yo presentí algo malo”, relató don Eladio al ratificar que ni César, ni su esposa, ni su nieto le devolvìan llamadas. 

“Nunca en la vida me negó una llamada”, afirmó.

“En la noche ya no aguanté y como a las 8 de la noche nos vinimos”, detalló sobre su movilización hacia la finca de Sandusky, a la que debieron ingresar a pie, ya que los carros en que iban no subieron debido a lo dificultoso del terreno.

La residencia en que vivía Sandusky solo, está construida sobre una loma a mil metros de altura dentro de una propiedad de 104 hectáreas que el norteamericano tenía a la venta en $1,8 millones.

El papá llegó de primero a la escena

Don Eladio fue el primero en arribar a la escena del múltiple homicidio.

“Yo llegué de primero. Vi el carro de César. Me alegré. Creí que estaba en la casa del señor. Comencé a llamarlo, cuando vi que estaba tendido”, narró.

Le habían tirado unos plásticos encima como para quemarlo, contó.

Y así empezó a constatar la magnitud de lo acontecido cuando descubrió el resto de cuerpos, calcinados al menos dos de ellos.

El de Daniel, su nieto, apareció a cierta distancia de la casa, en lo que sus familiares suponen fue un fallido intento de huir del sitio. 

Quedó frenado por un portillo, narró su tío José María Quesada, quien cree que sus parientes llegaron ese domingo “en el momento equivocado” al sitio y resultaron víctimas del ataque.

Don Eladio ratificó que su hijo tenía 10 años de trabajar para el estadounidense en reparación de distinta maquinaria.

Tras el hallazgo, la primer alerta llegó al OIJ de Buenos Aires a la 1 a.m., confirmo Walter Espinoza, director general.

Los agentes llegaron al sitio a las 2:38 a.m.

Equipos especializados de intervención no solo policial sino de investigación y pericia científica se movilizaron a la zona y tras 8 días de ejecutada la acción reina absoluto hermetismo.