Edgar Fonseca, editor

Acaba agitado este convulso 2021.

Lo bueno: Furibundos golpes de OIJ y Fiscalía a estructuras de corrupción arraigadas en instituciones públicas por décadas tienen, una vez más, a prueba al sistema y al país.

Como copy paste de los escándalos presidenciales de 2004, en esta oportunidad las minuciosas investigaciones y revelaciones judiciales dejaron al descubierto alegadas tramas delictivas asentadas en el aparato institucional con la acusada participación de personeros de renombradas empresas que hoy guardan prisión y aguardan juicio.

Muy bueno también el golpe al imperio de las alcaldías –cotos de caza– que, tras las acciones policiales-judiciales, impulsó a frenar la reelección indefinida de dichos representantes, una decisión legislativa que debería extenderse, cuanto antes, al nombramiento vitalicio de magistrados.

  • Muy bueno, excelente, ese 77% de población vacunada contra covid-19 con que culmina el país el año, según Our World In Data, por encima de poderosos y desarrollados sistemas de salud como los de EE.UU., Reino Unido y Alemania.

Un blindaje en la salud gracias a una épica acción de la CCSS y a una ejemplar concientización pública mayoritaria que no cae en los cantos de sirena de los grupúsculos antivacunas.

Lo malo:

La Asamblea Legislativa quedó en deuda.

Apenas aprobó, al filo de la hora, legislación clave para un acuerdo fundamental en la urgente estabilidad fiscal.

El trajinar legislativo se vio absorbido por la politiquería y los fuegos electorales en detrimento de intereses públicos superiores.

Muy mala, irresponsable, la actitud –salvo una excepción calificada–, de los miembros de la comisión legislativa que se negaron a profundizar en las presumidas ramificaciones de mafias narco en partidos, alcaldías, municipalidades.

Flaco favor a esos siniestros tentáculos cuando más se necesita de respuestas institucionales contundentes.

Lo feo:

El molote de candidatos presidenciales y de aspirantes diputadiles con miras a las elecciones del seis de febrero.

Pasados por una zaranda son contados con los dedos de las manos quienes merecen llegar a Zapote o a Cuesta de Moras.

Y lo que viene:

Superado este limbo de fin e inicio de año, entramos en la recta final hacia febrero.

El panorama electoral persiste incierto. Lo más probable es que vayamos a una segunda ronda.

En cualquier escenario, ojalá prevalezca sensatez y cordura al momento de encerrarnos en esas urnas a decidir el futuro inmediato de este bendito país.