Edgar Fonseca, editor

La apertura comercial del país nunca debió ser detenida.

No debió ser congelada, como lo hizo la primera administración PAC, aquella de fuerte tufo izquierdizante, que acabó arrodillada ante los designios gremialistas y llegó a recibir como “huésped de honor” al dictador cubano Raúl Castro en la infausta III Cumbre Celac de Belén 2015.

El ímpetu de la estrategia de apertura comercial, que sumaba décadas, quedó en el limbo en el entorno de irreconocible ceguera ideológica que marcó dicha administración y que tuvo su carta bautismal en el rechazo ad portas a la posible integración a la Alianza del Pacífico, conformada por Chile, Colombia, México y Perú.

La administración Alvarado, quizás más por cálculo electorero, con nulo rédito como lo reflejaron las urnas el 6 de febrero, mantuvo la resistencia a la vinculación a dicho bloque comercial que constituye el 41% del PIB en América Latina y el Caribe y recibe 38% de inversión extranjera directa.

Ni ello ni estar ante un potencial mercado de 230 millones de consumidores movió a sensatez a los jerarcas de ambas administraciones para desatascar las negociaciones de ingreso a la Alianza en donde el país figura como Estado Observador Candidato.

Y engavetaron el acuerdo inicial de adhesión suscrito por la administración Chinchilla.

Han sido 8 largos años perdidos.

Hoy la administración recién asumida anuncia que avanzará en las conversaciones para retomar el camino de ingreso.

Es una decisión correcta en la ruta de intensificar nexos con aquellas iniciativas externas que contribuyan a la reactivación económica.

Un conglomerado de 13 cámaras y asociaciones empresariales anunció de inmediato su respaldo al gobierno.

“La adhesión de Costa Rica a la Alianza del Pacífico es el paso lógico y natural de la política comercial costarricense, especialmente en el marco de la crisis logística internacional y de la tendencia del nearshoring derivado de las disrupciones en las cadenas globales de suministro producto del Covid-19″, destacaron los representantes empresariales.

Queda por ver cómo reaccionaran aquellos sectores que encontraron eco y coadyuvaron al bloqueo desde 2014.

Si intentarán torcerle el brazo, a cualquier costo, al presidente Chaves o si entran en razón y permiten que el país se sume a otro importante eslabón de su estrategia de apertura comercial que nunca debió ser frenada.