Edgar Fonseca, editor

A 100 días de iniciado su mandato, el presidente se congratula de atacar odiosos privilegios enraizados en este país.

Se ha mostrado dispuesto a sepultar prebendas de distintos sectores.

No deja de cacarear que estamos ante una “nueva era”…

Pero he aquí que, enfrentado ante la primera gran protesta social de su gobierno, en cuestión de horas claudicó, y lo que hubiese sido una negociación para entrarle a uno de los desafíos nacionales estructurales, como lo es el desenfreno de los presupuestos de las universidades públicas, quedó postergada, como lo han hecho las demás administraciones.

No solo les deja intacto el megapresupuesto de ¢522.000 millones con que contaron en 2022, sino que está dispuesto a reconocerles el golpe inflacionario para el presente año que ronda 11%.

Les deja intactos los megasalarios.

Las megapensiones.

Los rectores se llevaron un premio adicional al ritmo de las estridentes tumbacocos en las afueras de la Presidencia.

Las gollerías de los aleros universitarios son intocables.

Tremendo botín de entrada con apenas la primera gran marcha estudiantil que, probablemente, asustó o destempló los ánimos la mañana de este martes en Zapote, mientras se aprestaban a celebrar de noche la llegada de los primeros 100 días.

El gobierno de un presidente que se proclama de mano dura, se mostró débil, vulnerable.

O, calculador.

El precedente no puede ser peor para otros privilegiados sectores por lo que resta del cuatrienio.

El capítulo aún efervescente tiene un episodio crítico.

La ministra de Educación, que apenas conoce a sus interlocutores, se lanzó, o la lanzaron, cual globo sonda, abruptamente, a una arenga incendiaria, el detonante de la multitudinaria marcha de este martes 16 de agosto.

Hasta el viernes 12, la negociación avanzaba en silencio, sin mayor oleaje pero, de súbito, con expresiones desafortunadas para su posición, a lo que se ha acostumbrado el país desde el podio presidencial, la ministra dinamitó el diálogo.

Las redes son implacables.

En minutos estaba convocada la multitudinaria marcha posdía de la Madre.

Quedaba sellada, también, la suerte de la demanda presidencial para acabar con esos odiosos privilegios.

No están dispuestos a pagar ningún costo de imagen.

Episodios como estos, ¿corresponden a una real gestión de Estado o a repentinas ocurrencias del responsable del timón?