Edgar Fonseca, editor

Aquel es un show indigno.

Impropio de la investidura presidencial.

Indigno del podio sobre el que está tallado el escudo nacional como símbolo de la defensa de libertades y derechos ciudadanos.

Indigno del pabellón nacional, símbolo de nuestra historia republicana, de máxima observancia de valores y virtudes democráticas.

Es el show en que, lamentablemente, ha degenerado la convocatoria de prensa semanal en Casa Presidencial.

Una puesta en escena, estructurada, estratégica, costeada por el Estado, en la que campea de forma consistente un afán por deslegitimar, desacreditar o linchar a quienes no comulguen con las ideas, propuestas o decisiones a las que apunta el nuevo gobernante. O, por aplaudir, obsecuentes todos, los arrebatos de la jornada.

El capítulo más reciente vacío en anuncios de fondo.

Sin embargo, con un espacio agendado, montado, reservado, para atacar, una vez más, a la prensa, a los medios críticos, a los periodistas incómodos, no sumisos.

Con la complacencia de una jerarca, el gobernante aprovecha para lanzarse con lenguaje soez contra los medios y la prensa.

Generaliza.

Juzga.

La describe como una fauna…

Sentencia.

Aquel lenguaje, tan dulce a los oídos de una audiencia embobada, conlleva una perversa intención de deslegitimar el papel fiscalizador que corresponde a los medios.

Una directriz mordaza, propagada como un virus al resto del sector público, que impide el acceso directo de los medios y periodistas a las fuentes en las instituciones, se convierte, así, en ley de acatamiento obligatorio so pena de represalias.

No se tiene precedentes de tan pernicioso afán persecutorio contra el ejercicio periodístico.

Y una instancia gremial, el Colegio de Periodistas, se hace de la vista gorda.

También callan dirigentes, partidos, cámaras, sindicatos y demás sectores o abanican tanto disparate.

La “seudo” conferencia está por acabar pero no el show.

Ante uno de los más brutales golpes en el costo de la vida, el disparo en los precios de los combustibles, no hay respuesta.

Tan solo un lastimero quejido: “se nos fue de las manos la situación”.

Ya casi apagan las luces, los micrófonos…

Alguien susurra: “echémosle la bronca a Ucrania…”.

Mera retórica populista efervescente.

Muy contagiosa.

Y el país en juego…

Versión actualizada 5 de agosto.